Yo te lo pongo

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María Jesús Argibay

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junio 3, 2022

Yo te lo pongo

Me habían hablado de ella, me la habían recomendado en varias ocasiones y reconozco que la vi hace bien poco en relación al resto. Y sí tenían razón en sus críticas: es una muy buena serie con un mensaje, sin duda, más que necesario actualmente en nuestra sociedad en la que, aunque pueda parecer increíble, los jóvenes, las nuevas generaciones parecen andar más despistados que un pulpo en un garaje a la hora de enfrentarse al sexo, su descubrimiento, hablar sobre él, practicarlo…

Hablo de Sex Education, una serie repleta de mensajes necesarios acerca de relaciones sexuales adolescentes, de adultos, de relaciones de amistad, relaciones personales… empleando un lenguaje directo y normal, llamando a las cosas por su nombre, sin miedos, sin tapujos, con la naturalidad con la que el sexo, sexualidad o géneros deben abordarse. Me gustaría equivocarme -pero sé que no lo hago- al pensar, que más de uno/a (muchísimos/as) están echándose las manos a la cabeza si se tropiezan con este post, en el que escribo sobre ¡SEXO! y, es más, sobre una serie que lleva «esa palabra» en su título. Abran las puertas del infierno para que ardamos en él.

Básicamente a lo largo de diferentes temporadas vamos conociendo a los personajes, mayoritariamente adolescentes y cuáles son sus grandes dudas y miedos a la hora de enfrentarse a las relaciones personales, emocionales, afectivas y sexuales, así como los errores que cometen llevados por temor o desinformación. Tanto esa así, que gracias a los buenos consejos que el hijo de una terapeuta sexual recibió en su casa -a pesar de que como buen adolescente rehúye esa faceta maternal- y que comparte con sus compañeros, todos aprenden supliendo la ausencia de una asignatura que aborde la cuestión con naturalidad entre profesorado y alumnado, atendiendo las preguntas y cuestiones reales que surgen entre chicos y chicas frente a un canon establecido socialmente. Facilitaría tantísimas cosas.

Porque, trasladándonos a nuestro día a día, no deja de sorprenderme que en pleno siglo XXI las leyes de educación en nuestro país todavía no contemplen como obligatorias asignaturas que deberían ser básicas: gestión de las emociones, lenguaje de signos, teatro y, por supuesto, educación afectivo-sexual, esta última vital si queremos establecer unas normas de juego sanas e igualitarias entre las futuras generaciones, y evitar que su única información , como está ocurriendo actualmente, sea la que obtienen a través de internet y las películas porno a las que tienen acceso en esta red.

O si no siguiendo el consejo que «este me ha dicho que le hizo a aquella», o «haciéndolo con la postura que la amiga de un amigo dijo que era lo más, aunque estuviera incómoda»; sin olvidar «aquella que dice que el otro le ha explicado que eso debe ser así y que además le gusta, y ojo, porque aquel grupo de allí asegura que es mejor todos juntos porque les mola más».

Preocupante ascenso de las violaciones grupales.

Crecen los casos de violaciones grupales. Crece el número de abusos y agresiones sexuales. De relaciones en las que la violencia, habitualmente, ejercida sobre las mujeres parece el modelo que impera y se normaliza. Disminuye la edad de los autores que parecen interiorizar estas conductas, sabedores de que las consecuencias al ser menores de edad no son tan graves como en otros casos. Las cifras hablan por sí solas: según datos del Ministerio del Interior, el pasado año se denunciaron cada día 6 violaciones, una cada cuatro horas y cinco minutos.

En 2021, las fuerzas y cuerpos de seguridad registraron 2.143 denuncias por el delito de agresión sexual con penetración, un 34,3 % más que en 2020 y un 14,4 % más que en 2019, año más adecuado para la comparación debido a los efectos que el confinamiento domiciliario tuvo en la criminalidad en España. Y solo computan las agresiones sexuales con penetración, no las situaciones en las que ejerciendo ese «poder» que entienden muchos les otorga tener pene intimidan o generan miedo a las mujeres. Seguro que se os ocurren más de una con solo con pensar unos segundos.

Y ¿ qué hacer ante esto? Fundamental, no mirar hacia otro lado. Imprescindible, atacar el problema sin complejos y miedos; y, necesario, dejar atrás prejuicios y conductas patriarcales y envueltas en valores morales -que persiguen mantener una desigualdad que solo beneficia a un 50% de la población- «encierren» cualquier cosa que tiene que ver con el sexo, los géneros, el placer y un largo etcétera de cosas en una habitación cerrada bajo siete llaves.

Hace 33 años fue un gran logro -no exento de mucha indignación y escándalo con denuncias de asociaciones católicas y padres de por medio) la famosa campaña del «Póntelo – pónselo» en la que se recordaba la necesidad de utilizar condón para tener sexo seguro, para evitar contagios de enfermedades infecciosas, venéreas o embarazos no deseados. Si ya el hecho de enseñar un condón en la tele era impensable en el 89, menos aún ese «pónselo» y una alumna o varias reconociendo ante su director que era suyo. No señores, no… las mujeres no hacen esas cosas, ellas no sienten placer o necesidad de satisfacerlo.

Después vinieron más campañas siempre criticadas y no exentas de polémica, incluso en pleno siglo XXI, por una parte de la sociedad ( representada, por ejemplo, por dos millones de personas que eligieron a 53 diputados de la ultraderecha que ocupan sus escaños en nuestro Parlamento) que no quieren avanzar, que no les interesa.

Solo así se puede entender su constante política de desinformación y ataque a cualquier propuesta que suponga avances en las leyes de libertad sexual, de igualdad, de lucha contra la violencia machista, abogar por un educación asentada sobre esas premisas. Y aunque afortunadamente chirríen, y mucho, algunos mensajes oídos en la actualidad, no podemos olvidar que la vicepresidencia de Castilla-León (a cambio de una presidencia) se dio a un diputado que ve a las mujeres como «portadoras y donadoras de vida» y ante el temor de que ardamos en el infierno «inventa» que se enseñan posturas sexuales a los niños de primero de primaria.

No es cierto. Pero debería, precisamente, preocupar que NO SE ENSEÑA educación sexual en los colegios, son escasas la excepciones y demasiadas las voces que se nieguen a impartir esta materia para facilitar la información necesaria que garantice la práctica de un sexo respetuoso, un sexo libre y abierto a los deseos de los implicados, seguro, y siempre con el consentimiento pleno (porque, por supuesto, solo SÍ es Sí).

No bajamos la guardia, claro que no, porque va más allá de hombres y mujeres, y este desinterés, esta obsesión por implantar un «pin parental» que controle las materias (sobre todo referidas al sexo) que nuestros hijos/as reciben en el cole responde a intereses partidistas que quieren mantener la estructura social instaurada hace décadas, solo así se entiende que nos tilden de «malcriadas» desde la tribuna del poder a quienes queremos decidir cuándo, como y dónde hacerlo y disfrutar de nuestra libertad, señora Ayuso:

Hace años la campaña «Póntelo, pónselo» puso el grito en el cielo; luego vendría la lucha por la ley del aborto (que ojo, hace apenas 7 años un ministro del PP quiso restringir); fue la campaña de la píldora después; las mujeres exponiendo su capacidad de gozar y recordar que su cuerpo es suyo; que tienen orgasmos y que pueden decidir cuándo y cómo hacerlo; el respeto hacia esa decisión… Todo ello sigue escandalizando en este país en cuyas aulas hay que hablar de sexo, de penes y vulvas, de masturbación femenina, de cómo hacerla y donde tocar, de follar, de gozar, de orgasmos, de correrse de gusto, del respeto hacia las opciones sexuales y de género de cada cual, de vivir «en libertad» (tan proclamada por la señora Ayuso) nuestros deseos y pasiones.

La información, la educación son y siempre serán las herramientas necesarias para avanzar, para progresar y por ello no me importa confesar y, si hace falta gritar a pleno pulmón, que soy una «malcriada» que quiero decidir sobre mi cuerpo y mis decisiones en torno a él. Una malcriada que educará a otra «malcriada» en la idea de que sea una mujer libre y viva.

¿Hablaamos? Te espero