Ya está bien

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María Jesús Argibay

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junio 23, 2025

Ya está bien

Hace tiempo que no me asomo por mi blog. No por falta de lecturas, películas, documentales o música que comentar, que al fin y al cabo es el objetivo con el que lo puse en marcha, si no por falta de motivación, falta de tiempo… Hoy he sentido la necesidad de volver a entrar en él y lo lo he hecho con la simple intención de escribir, de exponer lo que realmente me genera el día a día, la sociedad y el mundo en el que vivimos.

Por mi profesión, tristemente debería ser al contrario, siempre he sido cauta a la hora de exponer ciertas cuestiones, valorarlas, u opinar sobre ellas. Y es que, aún siendo necesario y fundamental el ejercicio de un periodismo libre, objetivo e independiente – y habelo, haino– ,cuesta mucho luchar contra los grandes lobbies y presiones que existen desde todos los ámbitos -incluso en los locales- y que van permeando en las grandes empresas de comunicación, donde esa presión se ejerce, y mucho más de lo que nos gustaría, sobre las partes más bajas del organigrama. Poderoso Don dinero.

Como consecuencia frente a profesionales que se ven oprimidos, censurados o incluso intimidados están los contrarios, los que poseen poder, sea del tipo que sea, y los canales, medios o personas a través del que ejercerlo. Y claro, sin darte cuenta asumes de forma inconsciente o como protección una autocensura, incluso cuando estás fuera del trabajo, no vaya a ser que se olviden de tu profesionalidad y te midan por tus opiniones -acertadas o no- sobre todo si van contra algo que ellos defienden , y decidan que eres persona «non grata» o de un «color» inapropiado.

Y ahí cabe destacar el trabajo de aquellos y aquellas profesionales, conocidos y no tan conocidas, que han decidido ejercer correctamente, no callar y exponer su opinión ante situaciones injustas frente a las que muchos callan, aunque ello acarree en muchas ocasiones consecuencias.

© OMS Personas reunidas en un punto de distribución de alimentos en la ciudad de Gaza en febrero de 2025.

Sin duda el ejemplo más claro -en estos momentos-, la invasión de Israel de Gaza, el genocidio que desde hace más de ¡¡2 años y medio!! perpetra Israel contra la población gazatí, más de 55.000 muertos, una pueblo cercado que no tiene donde ir, miles y miles de niños y niñas muertos, huérfanos. Una población que se muere de hambre, que están dejando morir de hambre… Y todavía hay quien a través de los medios de comunicación, de las redes y de sus declaraciones desde la atalaya del poder se niegan a reconocer algo tan evidente que la propia Corte Internacional Penal califica de crímenes de guerra y lesa humanidad, empleando la inanición como arma de guerra.

En este mismo blog en el mes de enero abordé el tema con el punto de partida del documental galardonado en los Óscar «No other land» y el titulado Expediente Netanyahu en el que se habla de la corrupción del primer ministro israelí, los cargos que pesan sobre él y cómo ha usado la política para enriquecerse e intentar escaquearse de ser enjuiciado. Un individuo -por llamarlo algo- que tras reconocer que sí ha financiado al grupo terrorista Hamás -condenable como cualquiera de sus características- sigue tranquilo sabiendo que los poderosos lo quieren como amigo. ¿Y ante eso qué hacer?

Y por si fuera poco hablamos de un país, mejor dicho un dirigente genocida que extiende sus alas, sus misiles, y que ataca a otros de forma impune , con la ayuda de ese poderoso amigo, un loco y caprichoso millonario que dirige como si fuera un tablero de juguete la que se considera la súper potencia de occidente. Suma y sigue.

Denunciar, movernos, no mirar hacia otro lado, salir del letargo social. No creernos lo primero que nos «quieran vender», cuestionarnos lo que vemos, escuchamos o leemos porque tristemente los medios de comunicación se han convertido en juez y parte, y, eso no puede ser.

Hablo de Gaza, pero no tenemos que ir muy lejos para comprobar que el ruido se extiende a nuestro alrededor para desviar nuestra atención. No faltan ejemplos: casos de corrupción, que ya no nos sorprenden; listas de espera eternas en la sanidad pública, cada vez más menguada de personal y medios; la educación y la cultura reducidas la mínima expresión, no vaya a ser que las nuevas generaciones desarrollen espíritu crítico… No, no interesa una sociedad pensante, informada.

Y seguro que a todos y todas se nos ocurre un largo etcétera de cuestiones pendientes: la vivienda, la atención a nuestros mayores y los problemas de conciliación que en breve surgirán al comprobar que es inviable pagar los precios astronómicos de residencias PRIVADAS porque las plazas públicas a penas existen.

Los diputados de VOX Manuel Mariscal y Pedro Fernández. Foto: Eduardo Parra.

Pero el ruido interesa. Filtrar y comentar, debatir y acusar sobre conjeturas; manifestaciones calificando de dictadura un gobierno democrático y elegido en las urnas; una justicia que -siento que paguen justos por pecadores- hace tiempo que no es imparcial; recriminaciones e insultos desde los escaños del Congreso de aquellos que deberían callar antes de señalar.

Y sí viendo informativos, escuchando la radio, leyendo… y, por qué no, un poco aburrida de este barrullo he decidido asomarme de nuevo por aquí.

Lo dicho. Parémonos, pensemos y preguntemos: ¿a quién le interesa tanto ruido? Ojo, que a lo mejor nos damos cuenta que no solo a los políticos, o determinados políticos, como nos quieren hacer creer y sí a muchos otros ámbitos que se benefician de este caos interesado.

¿Hablaamos? Te espero