Vivas, muy vivas

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María Jesús Argibay

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marzo 11, 2021

Vivas, muy vivas

Celebrado el 8M sus ecos permanecen y así debe ser durante todo el año. En mi condición de feminista (sí lo soy porque en mi condición de mujer no puedo situarme en otro punto) he querido seguir aportando a través de mi blog alguna de las lecturas -hay tantas- que me han ayudado a reflexionar sobre esta cuestión, que me permitieron comprender que es necesario alzar la voz, que lo que se denuncia existe en todos los ámbitos de nuestra sociedad, da igual la profesión de la que hablemos o el punto del mundo en el que nos situemos.

Ya en mi última entrada abordaba esa lucha por la igualdad a través de la maternidad, de cómo se nos impone como algo necesario para sentirnos completas, o, a todo aquello a lo que debemos renunciar si decidimos ser madres. Para ello acercaba hasta aquí el libro de Diana López Varela «Maternofobia», lectura a la que hoy sumo un título de la autora Inma López Silva, una de esas mujeres cuya presencia se hace notar allí donde se encuentra y de la que los libros que he leído siempre he opinado lo mismo: están escritos desde la verdad, o al menos es lo que a mí me ha trasladado, a través de sus obras o en los encuentros en los que he tenido la oportunidad de coincidir con ella.

Inma López Silva estrenó la colección feminismos de la editorial Galaxia con su libro «Chámame señora, pero trátame coma un señor», una colección arriesgada pero necesaria en el mundo en el que vivimos, en un momento en el que la sociedad parece despertar poco a poco y querer avanzar, acabar con desigualdades instaladas secularmente y asumidas como normales cuando no lo son. Y así en este primer número con el que arranca la colección, Inma López Silva, pone la luz sobre conductas machistas, sobre una sociedad de patriarcado condescendiente hablando en primera persona y abriendo la caja de los truenos sobre el mundo de la cultura, tan tradicional y tan de hombres, en el que las mujeres que pisan fuerte y, si encima lo hacen con un buen tacón son una real amenaza.

Un libro en el que, perteneciendo o no al mundo de la cultura, cualquiera de las mujeres y hombres -que habelos hailos- que defienden el feminismo – recordemos: la lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres- se verían más que reflejados. A pesar de haberlo leído hace dos años son muchas las ideas que recuerdo con nitidez, y a la hora de ponerme a escribir tenía claro cuál quería recuperar. Esta: «Deberíamos pensar en que «poder» é un verbo, non un substantivo. Poder é algo que se fai, non algo que se ten. Velaí o cambio de punto de vista. A viraxe. A heterodoxia en que nacemos colocadas as mulleres só polo feito de sérmo-lo aproveitada no noso beneficio e non para discriminarnos. Ter voz é dicilo.»

Cuánta razón. «Poder» lo usan como sustantivo todos aquellos y aquellas- que se mueven tan cómodos en los valores del patriarcado, en aquellos que mantienen a la mujer en segundo puesto, o en ese espacio en el que «no moleste a sus intereses». El poder de la iglesia, el poder de la política, el poder de intereses que durante años y años se ha usado como excusa para lograr sus beneficios, para conseguir sus metas mientras insistían en que el papel de la mujer estaba en casa, que ellas tienen que garantizar su descendencia, la pervivencia de su apellido y también ocuparse de su cuidado. Ese poder que considera que las mujeres, las propias, han de ser su complemento perfecto en cada ocasión; un poder que también se emplea para justificar la cosificación y el derecho juzgar a las mujeres por su ropa o sus acciones; un poder que entienden les otorga la posibilidad de usar el cuerpo femenino en beneficio propio porque «son muchas las que así lo quieren» …digamos que hablo de la prostitución, la trata, o los vientes de alquiler.

Comentarios que son habituales en distintos ámbitos. Comentarios que nadie afeó mientras grababan la gala de los Goya.

Un poder que está más que instarurado en nuestra sociedad y que nos lleva a salir a la calle o a revolvernos cada vez que leemos sentancias injustas, juicios en los que la «víctima» es la que se ve obligada a defender su imagen frente a los «agresores» o «acosadores», sentencias en las que el machismo sigue presente y que se justifican basándose en el hecho de que el «código penal» está así escrito y que hay que cambiarlo -pero, qué curioso, ese día no llega nunca-. Situaciones que, como nos recuerda en «Chámame señora, pero trátame coma un señor», son consecuencia de la normalización e interiorización por parte de una sociedad en la que los «micromachismos» pasan desapercibidos y se aceptan como normales. Una sociedad que «consente e non loita contra comentarios sobre os nosos corpos en reunión laborais, que sorrí cando un home lle di a unha muller se está coa regra, que admite como fantasía o sexo no traballo, que acepta de xeito natural que en determinados ámbitos laborais as mulleres teñan que marchar de reunións que rematan nun bordel como forma de agasallo a clientes ante o peche de contrato».

Pero ante ese «poder» sustantivo Inma López Silva sitúa el «poder» verbo, el poder que las mujeres tenemos a nuestro alcance para asegurar que podemos conseguir lo que queramos y podemos exigir que nuestros derechos sean los mismos que los hombres. Un verbo con el que -por mucho que se empeñen- exponemos realidades inadmisibles en pleno siglo XXI, un «poder» que sigue creciendo y que no está dispuesto a callarse a pesar de que, como día a día, sean muchos hombres y demasiadas mujeres quienes insistan en «criminalizar» un movimiento justo como es el del feminismo, como demuestra las prohibiciones de manifestaciones el 8M, vetos a una charla sobre igualdad en un instituto para evitar «adoctrinamiento» , o recurriendo al vandalismo para lograr lo que la mayoría vecinal impidió: destruir el mural de luchadoras históricas en Ciudad Lineal (Madrid).

Los vecinos de Ciudad Lineal (Madrid) frenaron la intención de VOX de retirarlo y cambiarlo por nuevas imágenes. El 8M amaneció con todas las caras pintadas de negro tras un acto vandálico.

Por eso son necesarias mujeres como Inma López Silva y su «Chámame señora pero trátame coma un señor» -al igual que cualquiera de sus obras-, un libro que recomiendo leer porque nos acerca a estas realidades poniendo la lupa sobre el mundo de la cultura. Los que podemos gozar de sus creaciones quizá idealizamos la vida de los creadoras, artistas, pintoras, académicas… y un largo etc. Pero gracias a Inma López Silva descubrimos esas bambalinas de un mundo claramente machista, en el que las mujeres siguen teniendo que luchar muy duramente para hacerse un hueco. Nos recuerda, entre otras cosas, la movilización del «xogo das cadeiras» para señalar que en el 2011 en la Real Academia Galega – hace apenas una década- sólo 4 mujeres ocupaban esas sillas; o, los reconocimientos literarios en el que el porcentaje de mujeres premiadas es vergonzoso si lo comparamos con el de los hombres.

Rueda de prensa en la que se presentó el manifiesto «O xogo das cadeiras». (foto Europa Press)

La actualidad nos deja más de un ejemplo, desde las acusaciones contra el productor Harvey Weinstein, el acoso al que sometía a sus compañeras Plácido Domingo -al que son muchos y muchas las que defendieron de «tremendas acusaciones»-, el martirio de Iria Pinheiro al denunciar acoso o, sin ir más lejos, las denuncias y manifestaciones en la Escuela Superior de Arte Dramático y, un largo etcétera lamentablemente.

Me centro en la literatura en la que parece increíble pero siguen sonando más nombres masculinos que femeninos -afortunadamente cada vez menos- a pesar de haber muchas, muchísimas grandes autoras: Inma López Silva, María Oruña, Anna R. Figueirido, Chis Oliveira, Ledicia Costas, Anna Gavalda, Isabel Allende, Ana María Matute, Ana Cabaleiro, María Xosé Porteiro, Lucía Berlín, Matilde Asensi, Victoria Mas, Alice Munro, Ángeles Caso, María Xosé Queizán, Chimanda Ngozi Adichie, Marilar Aleixandre, Viginia Woolf, las hermanas Bronte … y tantas que me quedan por descubrir y que están ahí, aunque quieran silenciarlas.

Podría llenar esta entrada de citas del «Chámame señora pero trátame coma un señor» porque son muchas las que nos llevan a la reflexión, pero no lo haré. Claro que no. Simplemente os invitaré a asomaros a sus páginas y descubrirlo por vuestra cuenta, conocer la voz de una mujer que nos recuerda que vivimos en un mundo «en que se está xeneralizando unha falacia que identifica desacordo con mala educación, e iso é letal para as mulleres que amosan públicamente o seu desacordo».

Una voz literaria potente que nos recuerda -refiriéndose a nosotras, las mujeres- que «as nosas voces, cando se erguen independentes, son ruido. Unha cacofonía. Fermosa cafonía».

Pues sí, hermosa cacofonía.

¿Hablaamos? Te espero