Estrenar: «Hacer uso por primera vez de algo.» Con esa palabra dimos la bienvenida al nuevo año, el 2025, con la intención de vivir cada uno de sus 365 días por primera vez, dándole un significado nuevo, planteando propósitos que nos permitan alcanzar aquello que nos fue imposible en el año que dejamos atrás; estrenamos un año con la esperanza de que las cosas que nos ocurran y lo que nos rodea sean mejores, pero me temo que como mucho seguiremos luchando por que sean mejorables, o que, por una vez logremos que desprenda algo de luz sobre cuestiones que seguimos pensando injustas.

Empezamos el año con la dana y sus consecuencias en Valencia todavía presentes en los medios, que afortunadamente han mantenido el foco informativo sobre ella, no arrinconando la noticia. Eso sí, parece que el 2025 -y ya superado su primer mes- no ha traído ni un poco de vergüenza a aquellos responsables políticos que miran para otro lado, que siguen sin dar explicaciones sobre dónde estaban mientras los pueblos se anegaban y más de 200 personas perdían la vida.
Un 2025 que también arrancó con la polémica generada por la decisión del Gobierno de conmemorar los 50 años de democracia, o mejor dicho, de la muerte del dictador que sufrió España durante 40 años. No, no dejamos las polémicas atrás porque, una vez más, hay quien no ha podido evitar buscar intereses partidistas y, cómo no, oponerse a actos que -sea quien sea el que los convoque- nos recuerdan el fin de una etapa negra de nuestra historia.
Se abre una pequeña, pequeñísima luz a la esperanza. Tras cumplirse un año el pasado 7 de octubre del inicio del conflicto que ha llevado a Israel a atribuirse -con la connivencia de muchísimas grandes potencias- el derecho de invadir Gaza, masacrando (una vez más) al pueblo palestino para recuperar las tierras que creen suyas y que, a pesar de los miles y miles de muertos inocentes, nadie parecía querer frenar.

Terminando el año vi dos documentales realmente interesantes Expediente Netanyahu, que recoge los interrogatorios al primer ministro y su familia por su presunta implicación en casos de corrupción, esos que parecían ser el preludio del fin de sus más de 20 años al frente del poder y de un país que, tal y como podemos concluir en el documental, gobierna como si de su reino se tratase. Datos y actitudes que dicen mucho del primer ministro y su familia, y de las ansias de poder y enriquecimiento personal que realmente son lo que los motiva desde hace décadas. Unos expedientes, una investigación, que se han querido tapar con la guerra contra Gaza, con las miles de víctimas mortales -una importante parte de ellas niños y niñas- que se ha cobrado a lo largo de más de 14 meses de bombardeos incesantes. Todo ello ante el silencio, apoyo y «mirar hacia otro lado» de responsables políticos de los que se espera algo más de catadura moral.

Frente a este documental sitúo un segundo: No other land. Dos jóvenes documentan la situación de un pequeño pueblo de Cisjordania, Masafer Yatta, y las continuas invasiones y demostraciones de fuerza del ejército de Israel. Dos amigos, Basel Adra, palestino, y Yuval Abraham, israelí, dos periodistas con dos futuros claramente diferentes y cuya lucha mano a mano parece estar destinada a romperse por el contexto político.
Un documental grabado durante cinco años. Un testimonio de lucha, de vida, de supervivencia ante excavadoras y buldóceres que acompañados por el ejército israelí echan abajo las viviendas de familias por el siempre hecho de que son palestinas y porque insisten en que esa tierra es de Israel, propiedad militar. Un país que desde el siglo pasado inició su «invasión» paulatina y cruel, su persecución a un pueblo que como nos demuestran solo defienden el lugar en el que han crecido y vivido ellos y sus antepasados.
Como decía enero nos permitió alumbrar algo de esperanza con el anuncio de la tregua y el intercambio de rehenes pero pronto se ha visto ensombrecida con la llegada de Trump de nuevo a la Casa Blanca y su nueva ocurrencia de «encargarse de Gaza» y convertirla en la Riviera de Oriente Próximo.
Lo dicho, por delante muchos meses en los que si las cosas no son mejores al menos luchemos por que sean mejorables.