Son inocentes, tiernos, ingenuos y tienen toda la vida por delante. Indefensos y débiles en muchas ocasiones arrancan su andar por la vida buscando un referente, refugiándose en las manos y siguiendo los pasos de quienes ellos ven como una guía, un ejemplo o un lugar de seguridad. Pueden ser sus progenitores, su profesorado, sus entrenadores deportivos, y un largo etc. Todos aquellos o aquellas a los que se les presupone la responsabilidad de protegerlos y acompañarlos en su camino vital facilitándoles las herramientas para convertirse en adultos con un futuro, a desarrollar sus capacidades, a descubrir el mundo y enfrentarse a él con las mejores armas.
Lamentablemente en este mundo en el que vivimos no todos/as nacen con las mismas oportunidades, y las diferencias sociales -que ya no solo dependen de en qué hemisferio naciste- con las denominadas economías globales han se hecho cada vez más evidentes, abruptas y duras.
Según datos oficiales de final de 2021 en España un 25% de los ataques sexuales no consentidos son contra menores, en cifras cercanas a los 100.000 casos. En España, Europa y Canadá un 20 por ciento de niños y niñas han sido víctimas de abusos sexuales, 1 de cada cinco menores, según la OMS. Son solo algunas de las muchas cifras que podemos encontrar «hojeando» páginas en internet. A las que podemos sumar todas las que nos dejan aquellos países en los que las/os menores son prostituidas, convertidas en mercancía para los «puteros» -muchos de ellos padres de familia y señoros respetables de la sociedad- que practican el «turismo sexual» ese que , quizá por no tocarnos cerca pues no nos supone un problema.
Estoy segura que la gran mayoría de quien lea estas líneas mira hacia otro lado, o maldice, o no se corta en calificativos -yo al menos lo hago- cuando surgen noticias en las que un abuelo, padre, tío, amigo de la familia o quien sea aprovecha esa superioridad para tocar, violar, abusar sexualmente, coaccionar emocionalmente, maltratar o amenazar a un/a menor. Cuando se detiene y se desmantelan redes -en las que también se ven implicados normalmente los respetables señores y tristemente cada vez gente más joven- que intercambian vídeos de pedófilos y se reparten fotos de los pequeños o pequeñas a los/as que destrozan su inocencia, nos alegramos y sentimos aliviados de que esos monstruos no sigan sueltos.
Abusos sexuales a menores. Repugnantes, ¿verdad que sí? Y planteo ahora una pregunta:¿no son igual de repugnantes e inaceptables los infrinja quien los infrinja? O acaso ¿por ser un sacerdote, obispo o misionero tiene menos importancia? Claro que no, pero eso es la única conclusión a la que llego estos días al comprobar el miedo -y de ahí su negación- de la Conferencia Episcopal Española a permitir que una comisión independiente abra el cajón de las pesadillas de cientos de personas y dé a conocer el número real de víctimas de pederastia en el seno de la iglesia.

Ese miedo o ese terror a perder un solo ápice de su posición de poder adquirida a lo largo de siglos de las historia, para ellos -y otros muchos y muchas- puede servir de excusa para no querer investigar, saber y condenar lo que se hizo… Menos incomprensible -hasta inadmitible- es la postura del PSOE, la negativa inicial por parte del partido que gobierna en el país de apoyar la puesta en marcha de una comisión parlamentaria de investigación propuesta por Unidas Podemos, ERC y Bildu. Realmente increíble, porque -e insisto- ¿condenan los casos de violación y abusos a menores? Eso defienden y han defendido en reiteradas ocasiones, y sí han atendido demandas como la de James Rhodes y modificado la ley de protección de la infancia.

Pedro Sánchez se ha reunido con el escritor Alejandro Palomas, que hace unos días explicaba en la SER cómo un cura de su colegio había abusado de él cuando era niño. Lo ha escuchado pero sigue sin querer confirmar todavía la postura de su partido, el PSOE, si dará su apoyo a esa comisión parlamentaria que sin su voto a favor no se pondrá en marcha.
¿Por qué? ¿Qué tienen que pensar? La pederastia, la pedofilia es repugnate y no tiene excusa alguna. Sea quien sea el agresor, pertenezca a la profesión que pertenezca, no se puede ignorar. Loable la postura de algunas órdenes religiosas o sacerdotes que no se callan y que piden que se investigue, frente a la cerrazón de las altas esferas eclesiásticas que poco demuestran esa piedad, el amor al prójimo y protección que tanto trasladan y repiten en sus mensajes a sus fieles.
Sigan el ejemplo de Polonia o Alemania que han permitido investigaciones independientes. O Francia o Reino Unido que han dado a conocer las primeras cifras. En el país galo, la investigación independiente encargada por la Iglesia desveló que más del 2,5% del personal eclesiástico era pedófilo y que más de 300.000 menores fueron víctimas de abusos. Levanten, por favor, las pesadas alfombras de las sacristías o los colegios y entonen el mea culpa, y si fuera posible, permitan que los delitos sean tratados ante la justicia a la que nos sometemos todos los ciudadanos y ciudadanas y, no quede en manos de la legislación de la iglesias, que no laven la ropa sucia en casa y la cambien de ubicación. Pero parece que no va a ser tan fácil.
Aquí en España, el periódico El País elaboró un dossier tras una investigación, entregando a la Iglesia la identificación de 251 víctimas de abusos sexuales, sin obtener respuesta por parte de quienes con esos datos en las manos temen más al escándalo – y el daño que pueda sufrir su imagen- renunciando a actuar con transparencia y la máxima colaboración para conocer y atender a cada víctima y denunciar y condenar a sus agresores. Algunas órdenes religiosas sí se han sumado a esta campaña y han reconocido en su seno a 61 pederastas y más de 500 casos desde el año 1927.
Estamos ante el caso del abusón sobre el más débil, de los niños y niñas por adultos que quieren desahogar sus peores instintos sexuales, como auténticos depredadores, porque eso es lo que son tengan o no alzacuellos. Miramos hacia otro lado ante los casos de corrupción, ante las políticas partidistas, fraudes fiscales millonarios, reyes mujeriegos y con cuentas bastante opacas… pero por favor, no miremos hacia otro lado ante los abusos sexuales a menores y persigamos a sus agresores, ya estén en un centro de tutela de menores, en una casa de acogida, entre su propia familia o en una sacristía de la iglesia parroquial.
Todos y cada uno de ellos son pedófilios, son repugnantes y NO no debemos hacer distinción. Esperemos que tomen nota el PSOE porque, aunque debería ser una comisión con apoyo unánime, -sabemos que al PP y VOX sería pedirles demasiado- quien condene a los que abusaron de menores aunque lleven alzacuellos o sotana porque ellos también son pedófilos