Ruido

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María Jesús Argibay

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febrero 21, 2022

Ruido

En estos días siguiendo el «culebrón» del PP y sus protagonistas Ayuso y Casado, y pensando en mi entrada del blog me percaté una vez más de lo facilísimo que es que nos dejemos envolver en el ruido constante que a nuestro alrededor existe y se genera, que se propaga con facilidad en una sociedad cada vez más adormecida y centrada en salir adelante y sobrevivir a un día más, a los horarios laborales, a la búsqueda de empleo, a la conciliación familiar, a una sanidad saturada y demasiado lenta y así un largo etc.

Un ruido que nos hace olvidar en seguida cualquiera de los problemas que existen y que afectan a la que se supone debería ser la espina dorsal de cualquier sociedad, más si hablamos de las denominadas democráticas: los derechos humanos, y sobre todo, su respeto.

El cine recoge en muchas ocasiones historias basadas en esa realidad que el ruido diario oculta bajo titulares y noticias que se convierten en actualidad trepidante durante 48 horas y luego son sustituidas por otras nuevas, dejando en la base -cada vez más abajo- las que siguen ahí siempre y a las que parece que como con las vacunas contra el virus «nos inmunizamos». Una prueba de ello, por ejemplo, las cifras de contagios diarios de COVID19 que sin llegar a los 1000 casos por cada 100.000 habitantes nos quitaban el sueño hace dos años, y ahora superados los más de 2000 ni si quiera le prestamos atención. Por no hablar de las cifras de muertes diarias que se registran que, aunque sean 300 personas a las que se lleva por delante el virus, respiramos tranquilos porque ya no son las más 1000 diarias que llegamos a oír y muchos a sufrir. Normalizamos.

Quizá no pase a la historia entre las mejores películas, pero sí creo que todos y todas deberíamos verla porque por lo menos nos sirve para darnos cuenta que no, que no debemos normalizar lo que es moralmente inaceptable: la muerte de cientos de personas ahogadas en el mediterráneo que huyen en busca de una vida digna y con sus derechos básicos respetados, arriesgando todo lo que tienen hasta la vida de sus propios hijos.

Mediterráneo nos sitúa en el año 2015 cuando las costas griegas y Lesbos se hizo famoso y todos localizamos en el mapa ese punto geográfico porque hasta allí día sí y día también llegaban y se hundían pateras. Cientos de personas que desembarcaban en aguas de Europa, procedentes de Turquía, y que se ahogan en esas orillas donde ninguna organización ni administración les prestaba ayuda. Y poco a poco, muy poco a poco, gente voluntaria decide acudir en su tiempo libre, sus vacaciones a echar una mano, entre ellos el empresarios Oscar Camps, origen de la conocida organización Open Arms. Una película sencilla, pero con un mensaje claro: no dejar en el olvido todo lo que hicieron y siguen haciendo desde esta asociación para prestar ayuda a los migrantes ante la ineficacia y la indiferencia de las administraciones que deben tomar cartas en el asunto.

Con las luces y sombras que surgieron en torno al creador de Open Arms y su labor, me quedo con lo mucho que él y todos los voluntarios siguen haciendo. Me quedo con esas escenas de la película en la que con los medios justos, motos de agua de su propia empresa, horas y horas de neopreno mojado y vigilias mirando hacia el mediterráneo, nos hacen sentir la humedad, la angustia que de quienes se ahogaban y luchaban por su vida, sumada a la desesperación de quienes intentaban salvarlos. Imágenes que sin ser reales, lo son y siguen repitiéndose día sí y día también en esas mismas aguas que dan título al largometraje. Por ello, películas como Mediterráneo son necesarias y deberíamos verlas todos, para por un momento eliminar el ruido que nos rodea.

María José Llergo se hizo con el Goya a la mejor canción original con «Te espera el mar»

Un ruido que disipa la voz clara y cristalina de María José Llergo poniendo letra a la tragedia que se vive en el mediterráneo, ese mar que para muchos es un lugar de disfrute de vacaciones o la ruta de uno de los cruceros que puede hacer anualmente; ese mar al que se refiere la cantante afirmando que «creo en la ley de lo mares, donde nadie es ilegal. Mientras que la ley de los hombres sea más cruel que la del mar». Una triste realidad.

Los talibanes oprimen a las mujeres afganas, son enemigos de la cultura, atacan el cine, los valores democráticos… han masacrado a miles de inocentes en nombre de la religión», ha señalado en su discurso en los Goya. «No reconozcáis el régimen de los talibanes…» Ha recordado que «las mujeres afganas viven prisioneras«.

Tan triste como la que los afganos, 6 meses después de que las cámaras hayan retirado el foco sobre el país y la decisión de Estados Unidos de retirar sus tropas, de las repatriaciones, de mensajes reclamando que nadie se olvide de los derechos que el régimen talibán pisotea -sobre todo los de las mujeres que quedan reducidos a la nada absoluta- no se escuhan, no se oyen porque hay demasiado ruido que lo impide.

Por eso en la noche de los Goya, en la que Mediterráneo con siete nominaciones destaco de la gala el discurso de la cineasta afgana Sahraa Karimi que rompe el silencio al que se han visto sometidas miles de mujeres en Afganistán. Su mensaje, que sonó por encima de los intereses partidistas y geopolíticos y nos recordó que tras la actualidad momentánea, la vida la vida sigue, y con ella los derechos y libertades de miles y miles de personas son pisoteados diariamente.

Un discurso al que han dedicado algo más de tres minutos, que ha devuelto Afganistán a las cámaras y a los medios durante unas horas… tras las que el ruido lo ha vuelto a tapar.

Afinemos el oído y escuchemos. No dejemos de hacerlo.

¿Hablaamos? Te espero