¿Qué ves?

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María Jesús Argibay

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noviembre 14, 2020

¿Qué ves?

Editado por Nube de Tinta en el 2018

Mi punto de partida hoy es la novela de Eloy Moreno «Invisible». En muchas ocasiones a lo largo de mi trayectoria profesional he coincidido con escritoras y escritores que se niegan a «etiquetar» la literatura, y comparto su opinión. Si lo hacemos este libro es considerado literatura infantil-juvenil, y llegó a nuestras manos, concretamente a las de mi hija, por una recomendación en la Feria del Libro de Vigo de una librera de Librouro (no dejéis de comprar en las librerías de barrio, y de toda la vida, por favor).

Lo leyó y lo leí y puedo confirmar que no, que no debemos etiquetar la literatura. Abiertas las páginas de «Invisible», reconozco que no puedes dejar de leer e identificarte con su protagonista, su sufrimiento, dolor y sus ansias por luchar. Una novela en la que nos presentan la perspectiva de un problema real atendiendo la mirada de todos sus implicados, y el papel que cada uno de ellos representa en el desenlace final que nos lleva, precisamente, a preguntarnos sobre el papel que yo o tú, lector o lectora que estás ahora ante este texto, desempeñamos a la hora de aportar nuestro granito de arena para promover la «invisibilidad» de un hecho, una realidad dolorosa e injusta que suceden en nuestras sociedades.

«Es ahí observando esa lista cuando se pregunta ¿qué clase de sociedad hemos construido? ¿Cuándo nos volvimos mostruos…? leemos en este libro que resume la filosofía de vida en algo que quizá no nos resulte ajeno «mientras no me toque a mí, eso no es problema mío» , ¿os suena? Aunque no nos guste reconocerlo, yo creo que sí, que algo sí nos suena…

Habla el libro de Eloy Moreno del acoso escolar, del bulling. Parece que ahora ya no llena informativos o páginas de periódicos pero sigue existiendo, quizá reforzado por las amplias posiblidades que las redes sociales dan a quienes deciden ejercerlo. Hablamos del ciberacoso: en un segundo, el ataque antes personal se convierte en viral y su poder y presión se multiplica por millones. Todo ello reforzado por los estereotipos que, siguen vigentes, en los que los que carecen de prejuicios para lograr sus fines; los que menosprecian la sensibilidad o el hecho de demostrar emociones; aquellos defensores de la ley del más fuerte son considerados un referente a seguir, un ejemplo. Y ojo, que como habréis imaginado ya no hablo solo del acoso escolar, porque el acoso existe en muchos ámbitos de nuestra vida tal y por ello el escritor dedica su novela a «todas las persona que independientemente de su edad , se han sentido alguna vez invisibles…»

Pero… ¿cuántas veces «hemos mirado pero no hemos querido ver«? Muchas más de las que pensamos. Como colectivo, como sociedad, se me ocurren bastantes ejemplos. Recupero el tema de nuestros mayores. A pesar de que las autoridades se empeñan, directamente, en cerrar lo ojos las cifras se van conociendo. En los últimos siete días, por ejemplo, 760 mayores han muerto por covid19 en las residencias; en este tiempo de cada 10 personas fallecidas por la enfermedad, seis eran ancianos en geriátricos.

El 15 de junio se celebra el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez 

Personas que se reducen a cifras, que preferimos invisibilizar, nos resulta más fácil. Pero ¿cuánto tiempo se lleva mirando hacia otro lado? Porque si hablamos de nuestros mayores y las residencias siempre podemos señalar ese «abandono» cuando por casualidad o por suerte alguien denuncia o comparte imágenes (que nos hacen despertar e indignarnos) de cómo los auxiliares maltratan o vejan a los ancianos en los centros en los que deben cuidarlos. Leemos por encima los titulares que hablan sobre nietos que encierran a sus abuelos en una habitación durante días; hijos o trabajadores que maltratan a sus padres o mayores a los que deben cuidar; robos violentos a ancianos que viven solos. O simplemente prestamos algo más de atención en «El día internacional de…» a las cifras demoledoras que nos indican, por ejemplo, que el maltrato a los mayores de 60 años es más frecuente de lo que creemos pero… «mientras no me toque a mí eso no es problema mío».

Sigamos: la violencia de género (sí, señores y señoras de VOX esa que se ejerce sobre las mujeres por el hecho de serlo). Volvamos a los números: 41 mujeres muertas y 3 menores en lo que llevamos de año, un total de 1.074 asesinadas y 31 menores desde el 2003. En los seis primeros meses del año, según las fuentes oficiales, se han presentado 34.576 denuncias por malos tratos presentadas ante los juzgados o las fuerzas competentes. Una realidad, un hecho que sigue viviéndose de puertas para adentro en muchos hogares en los que -seguro que también lo habéis escuchado- los vecinos de escalera o de edificio prefieren no inmiscuirse, hacer oídos sordos y no llamar a la policía porque «no sabes lo que realmente puede estar pasando». Miramos hacia otro lado o cruzamos de acera si vemos que ese chico le está hablando demasiado alto, insultando o incluso amenazando porque seguro que alguien avisará a la policía para que ponga remedio. Al fin y al cabo «mientras no me toque a mí, eso no es problema mío».

Se llamaba Joseph y venía de Guinea Conakry, viajaba con su madre (si eso se puede llamar viajar). Nos echamos las manos al pecho y giramos ligeramente la cara cuando surge su imagen en televisores, periódicos y redes contando que ese bebé, de seis meses, falleció podo después de hundirse la patera en la que su madre huía buscando un futuro mejor para su criatura. Rota de dolor -no puedo entender uno mayor- aseguraba que ya no le quedaba nada por lo que seguir luchando.

Eso fue hace apenas unos días, pero ayer otros llegaron y hace unas semanas y en el Mediterráeo Open Arms se encuentra solo luchando contra una realidad que políticos y estados no quieren asumir. Y solo han pasado cinco años desde que una imagen removió conciencias y revolvió estómagos por la impotencia y el dolor. Sí la del pequeño Aylan boca abajo y sin vida en la orilla de una playa, imagen que por un momento hizo «visible» este goteo de muertes que existe en el Mediterráneo y que llevó a los países a avergonzarse e incluso proponer soluciones (pero solo el tiempo justo para que volviera a ser «invisible» el problema»). Pero ya sabemos que «mientras no me toque a mí, eso no es mi problema».

Según datos facilitados por Cáritas, en este momento atienden a más de 40.000 personas que viven en las calles.

Pasamos por la esquina, y ahí está entre dos portales, sobre cartones y bajo dos o tres mantas usadas. Es un ejemplo de muchas, muchísimas personas que están en nuestras ciudades, sintecho que necesitan ayuda, que pasan hambre y que en ocasiones cuando nos vienen a pedir una moneda mientras tomamos una caña molestan o casi, casi hacemos por no verlos. Pero no solo a ellos, si no a vecinos, padres o madres que vemos en las puertas del colegio y que ahora se ven en una situación crítica, que tienen sobrevivir, que han visto cerrar su negocio o llevan demasiados años en paro y se ven obligados a pedir ayuda a sumarse a las que ya han bautizado como «colas del hambre». Sin olvidar la importante labor que cumplen los comedores escolares más allá del objetivo con el que nacieron de facilitar la conciliación familiar, convirtiéndose en la forma de garantizar una buena comida y la más consistente del día para muchos menores. Pero «mientras eso no me toque a mí, eso no es mi problema».

Abramos los ojos, procuremos ver con atención y con el corazón y, sobre todo, no esperemos para alzar la voz y denunciar injusticias, reclamar soluciones y sacar los colores a los que tienen la posibilidad de cambiar las cosas y prefieren seguir ignorándola. No permitamos ni con nuestras acciones ni con nuestro silencio que poco a poco más personas vayan convirtiéndose en invisibles, porque quizá, cuando menos lo esperamos, nos ha tocado a nosotros.

«No solo mata el que asesina, también arrebata la vida el que deja morir»

¿Hablaamos? Te espero