
En este tiempo en el que vivimos reconozco que hace menos de una semana cuando en los informativos escuché la noticia de que la vacuna contra la covid19 ya era una realidad, una sonrisa se dibujó en mi cara de forma espontánea y mi yo interior sintió cierto alivio. Reconozco que sí que, sin duda seré de las que me ponga la vacuna cuando llegue el momento, pero esa no es la cuestión. Con la sonrisa todavía esbozada bajo la mascarilla al poco empecé a escuchar los valores de bolsa que se estaban disparando tras conocerse la existencia de un freno a la pandemia. Pero no poco, subían los valores sin parar y una vez más pensé: «Don dinero, poderoso caballero».
Pero también reconozco que pensando en mi encuentro con vosotras/os a través del blog me saltó una frase que sin duda es histórica y que supuso en su momento la caída de un presidente de Estados Unidos, que se vió obligado a dimitir (el único en la historia de esta nación). Esa frase que dos jóvenes periodistas tomaron al pie de la letra y les llevó -no sin mucho trabajo- a sacar a la luz el escándalo del «Watergate». La frase era: «Siga el rastro del dinero».
Lo siguieron y no cejaron en su empeño. Sabían que había una noticia tras un suceso trivial, que algo «olía mal» y que era deber del periódico –Whasintong Post-, de la prensa destaparlo. Lo hicieron, claro que sí, el caso en el que el comité de reelección del Richard Nixon utilizó fondos de la campaña de forma ilegal. Un partido que tejió una red de espionaje a sus oponentes políticos para sacar trapos sucios y siempre tener un as en la manga que usar. Todos los hombres del presidente eran aquellos que a su alrededor se encargaban de buscar esos trapos, los más conocidos hoy en día como «fontaneros».
Cuando pensé en la película que quería traer a mi blog, realmente era porque una vez más ante la situación que vivimos este 2020 (con cierres, confinamientos, y medidas de control) y atendiendo las reacciones de las bolsas y bancos he podido ratificar que en tiempo de crisis (como ya ocurrió en el 2008) los ricos siempre se hacen más ricos, porque son los que tienen el dinero los que se pueden aprovechar para invertir, para ganar más a costa de los que están sin trabajo, o por qué no, hacerse con locales, pisos o demás inmuebles que otros se ven obligados a malvender o simplemente a abandonar.

Viendo ahora la película no dejan de sorprenderme las similitudes que existen con ese escándalo de corrupción destapado en 1972, que llevó a dimitir un presidente, con la cantidad de casos que a lo largo de los últimos años se han registrado en el mapa politico español. También en este caso, el dinero y tirar de la cuerda que lo une al poder, ha llevado ya banqueros, políticos, empresarios a la cárcel. A diferencia del 72 y el caso de Nixon, en España hay algo que no ocurre: que una vez descubiertos decidan dimitir. No, ahí no hay diferencia de color o ideología, claro que no. Negarlo todo hasta que la justicia lo demuestre , una justicia quizá a veces demasiado «presa ideológicamente», y hasta que no quede más remedio. Eso sí, el dinero nunca vuelve.
Ahí está el famoso comisario Villarejo y las «cloacas del estado«, Bárcenas y la caja B del PP, el caso Kitchen, el caso Gurtel, el caso Palau; el caso de los ERE en Andalucía, la barra libre de la familia Pujol, el caso Juan Guerra, Filesa ; caso Banesto; Bankia; el presidente de la CEOE, Díaz Ferránz; no se libran los que se erigen como defensores de la decencia y bien hacer: Vox; y, como no los millones y millones que el «huido» rey emérito movió como si fuera algo normal en maletines de aquí para allá. «Sigamos el dinero».
Capitales, dinero en efectivo en el que también pensé el día en el que se publicó la decisión del BBVA de vender su filial en Estados Unidos. De nuevo en las bolsas se disparan los valores, todos ganan con las ventas y compras y con las fusiones que se han cerrado en los últimos meses. O mejor dicho podríamos decir, como en los casinos de película: «la banca, gana». Mientras se disparan acciones y el dinero sigue creciendo en los bolsillos de los que más tienen, las comisiones por gastos o gestión suben en las sucursales de esos bancos que no devuelven el dinero con el que se les rescató, dinero «regalado» por el gobierno en el 2008. Entonces miles de trabajadores se fueron a la calle y ojo que la suma de dos bancos que se fusionaron en estas últimas semanas tiene como resultado la resta de trabajadores en sus plantillas.
En un momento en el que las fake news (noticias falsas), titulares imprecisos buscando un like, la celeridad por ser el primero, o simplemente la reducción de plantillas y recursos al mínimo me ha llevado a ver con nostalgia el periodismo que refleja «Todos los hombres del Presidente»: redacciones llenas, mesas de editores planificando y decidiendo los temas a seguir, y más importante aún el apoyo y respaldo a sus periodistas, miles de profesionales que -en la actualidad- trabajan en condiciones precarias y que también han sufrido y sufren las consecuencias de las crisis.
Dice la fuente de Woodward, el famoso Garganta Profunda, «dígame lo que averigüe y yo se lo confirmaré». Las fuentes, el off the record, el periodismo de investigación y el periodismo independiente que tantos casos descubrió entonces en Estados unidos pero también aquí en España. Pero si «seguimos el dinero» veremos como también se ha convertido en una herramienta en manos del poder -con el consentimiento de las empresas de comunicación y su afán por facturar y generar audiencias- que ha hecho perder la esencia de una profesión maravillosa que aparca su función de «vigilar y denunciar» desde la veracidad y contrastando las fuentes.

Me consta que son muchos los profesionales que siguen creyendo -seguimos creyendo- en ese tipo de periodismo pero tienen que enfrentarse a grandes molinos de vientos,, luchar a diario con direcciones de medios – empresas con accionariados amplios y con intereses de distinto tipo al periodísticos- que han trasladado su tradicional editorial que los definía ideológicamente a todas las páginas, donde la política está presente en todas las secciones, minutos o imágenes porque son las campañas institucionales, los presupuestos que anualmente se recogen en las partidas presupuestarias de los diferentes gobiernos para los medios de comunicación, las que -se reconozca o no, guste o no – condicionan y mucho el contenido de los medios, y en demasiadas es una traba el trabajo de los periodistas.
Por eso películas cono «Todos los hombres del presidente» o la reciente «Spotligh»– que sin duda merece su propia entrada en este blog- nos hacen recordar la importancia que tuvo el llamado «cuarto poder» y que debe tener en una sociedad. El periodismo debe recuperar sus prestigio, su credibilidad y su debe ejercer su capacidad de generar opinión crítica en la sociedad. Investigar sin tapujos ni condicionamientos y destapara lo que hay que destapar, denunciar aquello ante lo que otros miran hacia otro lado y hacernos despertar del letargo en el que esos grandes poderes, los que tratan codo a codo con «el don poderoso caballero, Don Dinero», nos quieren mantener. ¡Despertemos!
