Patria

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María Jesús Argibay

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abril 27, 2021

Patria

Patria: País en el que se ha nacido o al que se pertenece por vínculos históricos o jurídicos

Patria: Lugar o comunidad con la que uno se siente vinculada o relacionada por razones afectivas

Estas son las dos acepciones que la Real Academia de la Lengua Española recoge sobre el significado de la palabra «patria» esa que durante siglos ha servido a muchos como excusa para todo y para nada. Para llenarse la boca de grandes palabras o no tanto en su defensa desde un extremo al otro del arco político o social. En nombre de la patria se han justificado tantas cosas injustificables, o se ha utilizado como mordaza contra aquellos que buscaban justicia y defendían derechos que entendían tenían lugar en un momento histórico determinado.

Patria es el título del libro de Fernando Aramburu que en el año 2016 podríamos decir, empleando la jerga de las redes, se viralizó y unió a lectoras y lectores a través de sus páginas, de sus personajes de lo que transmitían y representaban. Nuestra historia, parte de una historia negra y triste de España, de décadas de miedo, asesinatos y represión y amenazas en nombre de la libertad primero, y después en nombre de una independencia cuya defensa con las armas y asesinatos carecía de sentido y sumaba víctimas casi día tras día.

Durante la pandemia se estrenó la serie basada en esta obra que, personalmente recomiendo leer a todos, considero que es necesario conocer nuestro pasado para seguir entendiendo nuestro presente y no tergiversar la construcción del futuro de forma intencionada, como muchos pretenden hacer ahora recurriendo a mensajes ya vacíos y carentes de sentido en el momento que vivimos, ideas que hasta las propias víctimas de esas décadas de terror denuncian que se vuelvan a utilizar con intereses partidistas. El pasado fue, y debe estar pero se superó, afortunadamente, y es de muy escasa catadura moral y política querer ganar votos a costa de la sangre derramada entonces.

Pero como decía no fue hasta hace unas semanas que vi Patria, la serie. Tenía ganas de saber qué adaptación habían hecho de un libro que, insisto, me impresionó, me atrapó y me gustó mucho. Las críticas que la precedían eran fantásticas. De hecho mi idea era una vez vista, trasladarla como mi nueva entrada en el blog. Pero finalmente he preferido tener como referencia el libro (que recomiendo leer antes de ver la serie o aunque se haya visto leerlo igualmente)

Elena Irureta y Ane Gabarain dan vida a Bittori e Miren, respectivamente, en Patria.

La ambientación, la caracterización y sin duda las interpretaciones femeninas de las dos «amas» son fantásticas. En general los personajes están muy bien caracterizados (ese cambio de edad casi imperceptible en todos ellos). Sin embargo, reconozco que se me quedó corta, faltaron mensajes que entre líneas sí llegan a través de la lectura de la obra de Aramburu, mensajes que nos transportaban a aquella España que nos parece tan lejana (sólo hace 10 años que la banda anunció el cese definitivo de la violencia terrorista y en mayo 2018 anuncia su disolución definitiva ).

La España en la que muchos crecimos con ese conflicto vasco de fondo que, al principio, -por vivir en otra comunidad- no nos tocaba de cerca, pero según crecías eras consciente de que sí, que aunque estuviera en el País Vasco (eso que algunos siguen queriendo denominar Vascongadas como prueba de que no quieren cerrar heridas), también te afectaba, porque como país que éramos y somos cada tiro, cada bomba, cada carta de extorsión hacía tambalear los cimientos de una democracia incipiente y recién estrenada que quería avanzar -o al menos muchos eran lo que pretendían-. Atentados, muertes que aunque lejanas cada vez nos tocaban más de cerca como sociedad, cada vez nos involucraba e importaba algo más y aprendimos a ser críticos, a analizar la situación.

Aún recuerdo que estudiando la carrera de Periodismo era un asunto de debate qué trato dar a la información de un atentado, o ya ejerciendo la profesión cómo se nos dieron instrucciones en determinado momento -en el que los periodistas también fueron objetivo de la banda- de cómo detectar un posible paquete o carta con explosivos en el interior que llegasen a la redacción. Sí la historia está ahí, ETA forma parte de ella y sus más de 800 víctimas mortales, así como los apoyos que recibió desde distintos estamentos de la sociedad vasca y francesa para que siguiera viva durante décadas, pero afortunadamente se acabó.

Quienes quisieran defender la idea de la independencia deberían hacerlo según las normas democráticas y adaptarse a ellas. Así lo hicieron, la banda firmó el alto al fuego, entregó las armas y se disolvió. Sé que eso no cerrará nunca las profundas cicatrices de las víctimas de aquellos que empuñaron las pistolas o detonadores que acabaron con la vida de sus seres queridos. Víctimas que en Patria se personifican en las dos «amas» y sus vidas, en como en un mismo pueblo los vecinos acusaban a otros, o incluso podrían llegar a matarlos. Como las ideas, la ideología y falta de busca de dialogo causó dolor, mucho dolor y situaciones que hacían irrespirable, a veces, imposible vivir en esa tierra maravillosa que es el País Vasco.

El libro, a diferencia de la serie, profundiza más en el camino por el que muchas víctimas decidieron acercarse a las cárceles para hablar con presos de ETA que denunciaron la violencia y participaron en un programa que intentaba cerrar heridas, algo con lo que algunos políticos no han estado dispuestos a hacer algo parecido. Como ejemplo las duras críticas que en su momento desde el PP lanzaron contra Rodríguez Zapatero cuando abrió proceso de negociación para poner fin a más de 40 años de la banda terrorista, acabar con ETA. Inadmisible decían aquellos que años antes lo habían intentado bajo el mando de su presidente José María Aznar, artífice de los primeros acercamientos de presos a las cárceles del País Vasco que tanto también criticaron a sus oponentes.

Los atentados de AlQuaeda en Madrid se saldaron con 192 muertos y miles de heridos.

Un presidente que no dudó utilizar a ETA tras los terribles atentados islamistas de Madrid el 11 de marzo de 2004, en un intento más de lograr votos a costa de una banda que ya no actuaba, con la que su propio gobierno había negociado para ponerle fin. Pero en plenas elecciones los líderes políticos pierden el norte o la razón de ser de su función. El interés social, la «res pública» pasa a un segundo plano frente a los intereses partidistas, los votos que permitan alcanzar la vara de mando del país, el poder al que tantísimo aprecio le tienen -entiendo que a los privilegios que les otorga-.

Una costumbre que parece retomarse en cada campaña electoral en la que ETA y sus víctimas – a pesar de las críticas de las familias- son usadas una y otra vez por los partidos de la derecha para «demonizar» a sus oponentes políticos ante la falta de argumentos de peso -que habelos hailos porque el país no es que atraviese su mejor momento-. Nos recuerdan los muertos sin ningún pudor, los usan como también el ataque a un partido como es Bildu, que nos guste o no, compartamos sus ideas o no… es legal, democrático y sus representantes han sido elegidos en las urnas al igual que los 53 diputados de VOX o el resto de presentantes políticos de la Cámara.

ETA y sus víctimas fueron un tema recurrente para el líder del PP en numerosas de sus intervenciones públicas

Vivimos en un país en el que son muchos los que se niegan a reconocer la Ley de la Memoria Democrática, la consideran innecesaria argumentando que mejor no desenterrar el pasado pero son los mismos que no tienen el menor reparo en sacar a relucir a ETA en cualquier lugar, o lo que es peor, comparar a sus oponentes políticos casi casi con los terroristas. Políticos que ante las amenazas de muerte recibidas por miembros del gobierno (cartas con balas y mensajes en su interior) provocan a los adversarios e insinúan que «ya nada se pueden creer de ellos», o bien, entienden que «las amenazas son inherentes al trabajo de políticos».

No señoras no (y lo digo en femenino porque fueron Rocío Monasterio e Isabel Díaz Ayuso -futuras socias de gobierno- quienes «tan bonitas» cosas dijeron. ¿Qué habría pasado si hace unos años a miembros de PP, PSOE, empresarios o a cualquiera llegase una carta así? Por ejemplo, ¿en tiempos en los que ETA o grupos armados seguían activos? La condena habría sido unánime y contundente, sin grietas. ¿No debería ser exactamente igual si sus receptores son integrantes de Unida Podemos o el PSOE, miembros del Gobierno? Solo así se puede acabar con la semilla del odio que se pretende sembrar en la sociedad, recuperando ahora sí -porque interesa- la España de los dos bandos y obviando que precisamente fue el del fascismo, la ultra derecha el que ya acabó una vez con el gobierno legal y democráticamente elegido por los ciudadanos.

Aprendamos de la historia, usemos las urnas para elegir a nuestros gobernantes y huyamos de políticos y políticas carentes de argumentos, de contenidos vacíos más allá del odio, ese mismo que durante años separó a los vecinos en muchas localidades en el País Vasco porque era imposible hablar, llegar a un entendimiento bajo el ruido de las armas, las amenazas, las extorsiones que insisto, no debemos olvidar forman parte de nuestra historia pero sí aprender y avanzar, dejarlo atrás como han hecho muchas y muchos. Por eso recomiendo Patria -libro y serie- porque nos dan esa perspectiva histórica que no debemos perder desde un punto humano, en primeras personas con las que muchos se sentirán identificados.

Aprendamos y avancemos.

¿Hablaamos? Te espero