Only the young

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María Jesús Argibay

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febrero 13, 2021

Only the young

«Creo que el amor a las palabras es algo grandioso, especialmente si vas a intentar escribir una letra». Esta es una de las muchas reflexiones que realiza Paul McCartney en la entrevista que comparte junto a Taylor Swift en el último número de Rolling Stone. Uno de los grandes de la música, historia viva de la música junto a una de las estrellas que brillan en el firmamento de las nuevas generaciones musicales.

Hablemos de música. No le falta razón, ni seré yo quien se la quite a Sir McCartney porque coincido plenamente con su declaraciones ya que siempre he prestado atención a las letras de las canciones, a los mensajes que con ellas se quiere hacer llegar a quienes las escuchan. No soy experta en música, ni una melómana. Reconozco que envidio a aquellos seguidores de un grupo o cantante determinados, que conocen sus trayectorias, vidas y creaciones. Que forman casi parte de su vida.

Siempre que me preguntan por mi grupo o artista favorito reconozco que me quedo algo descolocada porque realmente no puedo citar uno o una en concreto. En mi caso soy de esas que «le gusta la música» «que le gustan las buenas letras». No tengo un tipo determinado. Sé qué me hace sentir bien y qué no, y también soy de las que defiendo que mucho de los temas que disfrutamos actualmente deben su ser a grandes compositoras, compositores y grupos que marcaron historia en décadas pasadas. Pero también creo firmemente que «no todos los tiempos pasados fueron mejor», que las nuevas generaciones, esos jóvenes a los que se suele «agrupar» como faltos de interés por todo o solo centrados en lo suyo… esas nuevas generaciones en el ámbito musical (y en otros) tienen mucho que enseñarnos.

Insisto, no puedo decir que tenga un grupo favorito. Me gusta oír música, me gusta que forme parte de mi vida, de muchos momentos ya pasados, disfrutados, sufridos o simplemente soñados. Y así puedo cantar un tema de Elton Jonh, pasando por los Beatles, Elvis Presley o Sintatra, hasta Héroes del Silencio, Los secretos, ACDC, Rocío Jurado, Rozalén o Julio Iglesias, entre otros y otras.

Y reconozco que de mano de una joven muy cercana a mí descubrí a Taylor Swift, una chica rubia, divina que brillaba con luz propia. Una «star» de la que sí conocía algún tema, pero que -desde mi desconocimiento- enmarqué entre una más de las nuevas artistas que han surgido y han situado sus éxitos en los número uno… Craso error. Y esa maravillosa joven que es mi sobrina me recomendó -fervientemente, he de decir- que me asomase al documental «Mis Americana», este que traigo hoy a mi blog. Y me encontré ante una estrella, sí, pero de esas que cuida sus letras, trabaja sus composiciones a través de las que lanza mensajes cargados de contenido, para hacernos pensar o reaccionar.

El rapero Kany West abusó de su juventud y el hecho de ser mujer durante la entrega de su primer galardón como música

Un documental en el que descubrimos a una niña prodigio que se enfrenta a la gran industria americana de la música, a las luces y muchas sombras que la rodean y que envuelve, y puede llegar a cegar, a quienes empiezan a despuntar en ella. Una carrera larga ya en la que ha ido madurando y sin duda aprendiendo, y siendo consciente de la importancia que -y no todos lo son- sus acciones, letras o actitudes pueden pueden influir, ser un modelo para miles de personas.

Y es quizá esta la razón por la que más me ha gustado el documental. No solo por el hecho de descubrir la gran artista que hay tras ese nombre, el proceso de creación y de implicación que tiene en su trabajo, si no por su capacidad de exponer abiertamente circunstancias vividas y que forman parte del día a día de miles personas que siguen atentamente su carrera, a su artista favorita; su noción sobre el poder amplificador que su posición en el mundo otorga a sus palabras a la hora de lanzar mensajes en momentos y situaciones determinados.

«Miss Americana» me ha recordado la importancia de la responsabilidad que se le presupone -muchas veces inexistente- a aquellos que con su voz, vídeos, tuits o ante un micrófono cada día son conscientes de que llegan a miles, a millones de personas. Aquellos que tienen la obligación de ser claros pero ceñirse a la verdad, defender lo que es justo y escapar del ruido, ese que inunda cada día más nuestras sociedades con las fake news, estereotipos de belleza, mensajes raciales y un largo etc.

Ante una sociedad que nos conduce a la constante búsqueda del éxito y el reconocimiento personal nos recuerda algo tan sencillo como que «si has creado tu sistema de creencias sobre aplausos de los demás, si te abuchean es bastante instructiva la noticia». Una lección que muchos y muchas deberían aplicarse en cualquier ámbito de la vida, como por ejemplo, en el caso de nuestros representantes políticos que han convertido el poder que le otorgan los ciudadanos en un único objetivo: lograr votos y mantenerse ahí ante los focos, aunque se sacrifiquen compromisos y promesas electorales o la defensa del interés común.

No hay que ir muy lejos, basta una lectura de las portadas de los diarios para comprobar que mientras unos se mantienen al margen, los otros atacan, como ejemplo, la gestión de la pandemia en estos momentos. Los que antes estaban en el mismo equipo, ahora echan del barco a los «corruptos»; el pacto nacional no vale en el ámbito regional; las decisiones a tomar se gestionan valorando el número de votos que valdrán…

El 2017 la artista denunció al DJ, David Mueller, por acoso. Dos años después de que le tocara el culo en este posado.

Una voz mundial que nos recuerda que las mujeres tenemos derecho a estar en lo más alto, que no debemos pedir perdón por ser buenas en algo, por destacar. Que por el hecho de serlo no debemos asumir lo inasumible, como puede ser el acoso sexual, del que también nos habla alto y claro la cantante que no dudó en demandar a un dj que se creyó con el derecho de poder manosearla por ser joven, por ser mujer y porque, al fin y al cabo estaba exagerando. Como la propia artista comenta en el documental, tras llevarlo a juicio y ganar «no tienes sensación de victoria cuando ganas, el proceso te deshumaniza».

Y en nuestro país no somos menos. En España los delitos contra la libertad y agresión sexual crecieron en un 11,3 por ciento en España en el 2020, respecto al año anterior, según el balance de Criminalidad del Ministerio del Interior. Se registraron un total de 15.338 delitos contra la libertad sexual en 2019 -frente a los 13.782 de 2018-, de los que 1.878 fueron agresiones sexuales con penetración -frente a las 1.700 de 2018- y 13.460 el resto delitos -frente a los 12.082 de 2018. Y si las cifras asustan, debería asustar más el hecho de que las víctimas -mayoritariamente y casi de forma abrumadora se ponga como se ponga la ultraderecha, o sea VOX- se ven obligadas ellas a demostrar su inocencia, a enfrentarse a una sociedad en la que se sigue pensando que «algo habrá hecho» o «si va así vestida qué pensaba que iba a pasar, si va provocando».

Foto Ana F. Barredo

Todos tenemos en la memoria el caso de «La Manada» en el que una joven, violada por cinco hombres en reiteradas ocasiones, fue cuestionada por quedarse sola en los San Fermines, dejarse acompañar por chicos que acaba de conocer o simplemente por estar algo bebida, y llegó a «sentir que les estaba jodiendo la vida, que era todo culpa mía». O volviendo al pasado el caso de «Nevenka», concejala del Bierzo que fue acosada por el alcalde del momento, Ismael Álvarez, y, ojo, que contó con el apoyo de vecinos manifestándose en contra de la mujer que lo denunció. Han pasado 20 años entre uno y otro caso y, afortunadamente algo han cambiado las cosas aunque demasiado lento y no tanto como debiera.

Ellas fueron valientes y lo denunciaron a pesar se tener una voz anónima, una voz que se ahogaba contra el machismo de la sociedad, y esas voces precisan el apoyo no solo social si no altavoces que puedan influir realmente, grandes estrellas como Taylor Swift que piden perdón «por todas las personas que no han creído, que tienen miedo a hablar porque piensan que no las creerán», perdón «por cualquiera a la que no creyeron alguna vez.»

Las palabras son esenciales en la generación del espíritu crítico y quienes tienen la capacidad de poder transmitirlas a través de grandes medios difusores -como pueden ser radios, televisiones, redes sociales o en conciertos- deben hacer buen uso de ellas. No todo vale, claro que no. Las audiencias, los seguidores, los votos… no son excusas para tergiversar mensajes, ofrecer declaraciones sesgadas que apoyadas por grupos de poder (que siempre defienden intereses económicos o los suyos propios) solo logran generar crispación social como la que parece en la que nos hemos instalado (y les gusta mantenernos ahí).

Y «Miss Americana» demuestra que sí, que es necesario un posicionamiento sin temor a perder seguidores, o arriesgarse a ello. Un posicionamiento claro ante cuestiones que son inadmisibles, a pesar de que muchos intentan introducir o mantener en el ideario social. Que pronunciarse o posicionarse políticamente no es malo, es más, es necesario, sobre todo cuando tu capacidad de influencia es mucha. Y eso hizo Taylor Swift ante ese presidente esperpéntico que durante cuatro años estuvo al frente de la que se hace llamar «primera potencia mundial».

Una documental que, a mi entender, pone en valor a la juventud y echa por tierra un tópico que de tanto repetir son muchos los que lo creen: los jóvenes no se interesan por nada; no tienen iniciativa; sólo quieren divertirse… Pues no, no lo creo. Como en botica hay de todo, pero sí es cierto que estas nuevas generaciones tienen mucho que aportar y enseñarnos, y no solo la experiencia de lo que hemos vivido puede aportarles mucho a ellos, si no que estas nuevas generaciones nos pueden enseñar mucho a nosotros, porque tienen ambición, porque saben lo que quieren, porque se preparan y porque tienen las ideas claras.

«Y el gran hombre malo y su gran clan de malvados, sus manos están manchadas de rojo (color que tradicionalmente representa al partido republicano) Oh, que rápido se olvidan. Ellos no nos van a ayudar, están muy ocupados pensando en ellos mismos».

¿Hablaamos? Te espero