«AL ALBA», VENRES NEGROS
No hay dos sin tres, podríamos decir. Con esta entrada finalizo el hilo que inicié hace algo más de una semana en este blog aprovechando la oportunidad que me brindó la coincidencia de su puesta en marcha con la aprobación del anteproyecto de la Ley de Memoria Democrática. Recomendé un libro, un documental (que acaba de ser premiado con dos EMMY:¡¡enhorabuena¡¡) y no podía dejar de hacer lo mismo con la música.
Son muchos los temas, muchas las autoras y autores, que nos vienen a la cabeza pero en esta ocasión elijo a Luis Edudardo Aute, que falleció el pasado mes de abril, sumando así un punto más para convertir a 2020 en un “annus horribilis”, un cantautor que muchos recordarán y cuyas canciones forman parte de la banda sonora de mi vida. Y traigo a mi blog su “Al alba”, un himno que recuerda a los últimos condenados a muerte y ejecutados por el régimen franquista en el año 1975.
El propio Aute explicó en su momento que llevaba tiempo buscando un tema con el que poder denunciar esas muertes sin sentido, de madrugada, injustas, innecesarias. Escribió «Al alba» y reconoció que no lo habría logrado, que solo compuso “una canción de amor, de una despedida radical”. Fue sin embargo Rosa León (que por entonces cantaba sus letras) la que aseguró que estaban ante un tema de “protesta y libertad” con una letra en la «que parece que su narrador se despide de su amor porque lo van a fusilar”:
«Si te dijera amor mío, que temo a la madrugada , no sé que estrellas son éstas que hieren como amenazas, ni sé que sangra la luna, al filo de su guadaña. Presiento que tras la noche, vendrá la noche más larga. Quiero que no me abandones, amor mío al alba»
Miles de personas pasaron una noche desveladas en esos años; miles de hombres y mujeres encerrados/as en cárceles temían la lectura de sus nombres preludio de una noche en vela para de madrugada ser conducidas al paredón. Sin despedidas, sin adiós. Sin juicios.
Y ahí estaba la cultura, una vez más, poniendo voz a los silenciados, a las injusticias, enfrentándose a una férrea y larga dictadura que imponía censura (justificada en la ley de Información y Turismo) contra cualquier idea que pudiera suponer una amenaza para el poder establecido.
Lo distinto era una amenaza, lo distinto se silenciaba, prohibiendo su proyección en los cines, su lectura o la edición en la imprenta, o simplemente matando cualquier intento de expresión artística que utilizaban sus recursos, como las letra denuncia de la canción de «Al alba» repleta de metáforas maravillosas que eran imposibles de silenciar o censurar.
Y se venció, la vencieron. La libertad de expresión se convirtió en una bandera de la democracia recién estrenada. La libertad de opinión, de información y reunión fueron grandes logros durante mucho tiempo anhelados en nuestro país. Lo triste es que preparando esta nueva entrada en mi blog, me he dado cuenta de que lo que parecía ser una guerra ganada se ha quedado en una simple batalla que después de 45 años parece que debemos seguir luchando.
Porque lo distinto sigue molestando y porque los poderes establecidos, ahora sí legales y democráticos, tienen muchos intereses que proteger y sin duda, una forma de lograrlo es controlando la opinión e información que llegan a la ciudadanía. No hay armas, o encarcelamientos (bueno más de uno ha pisado los tribunales por cantar un rap o blasfemar en pleno siglo XXI) pero sí se emplean otros medios.
Las redes sociales, televisiones, radios, prensa se han convertido en la mejor herramienta que los grandes poderes actuales (políticos, económicos, empresariales…) tienen a su alcance para evitar aquello que no les gusta, lo distinto, lo que consideran una amenaza. Los grandes medios parecen haberse plegado a ello sometiendo a muchos buenos profesionales del periodismo (que habelos, hailos) a sufrir una «censura velada» (o no tanto) a la hora de ejercer su trabajo, cercenando su capacidad de informar desde la pluralidad que su buen hacer les impone.
Pero ojo que también «habelos, hailos» dispuestos a defender este tipo de nueva censura que existe y que si prestamos un poco de atención todos identificaremos fácilmente en un mundo excesivamente rápido donde los likes, fakes o titulares escandalosos son perfectos para desviar la atención de las cuestiones realmente importantes y sobre las que no interesa poner el foco, porque son muchos los privilegios que se pueden perder.
Y ahí está la coincidencia que he encontrado entre «Al alba» y los actuales medios de comunicación: que también hoy en día deben luchar para que se escuchen todas las voces con claridad, luchando con sus plumas, micros o cámaras. Con protestas como la que desde hace 123 semanas secundan los trabajadores de la Televisión Pública de Galicia reclamando con sus «venres negros» (@DefendeAGalega) -como en su día hicieron en RTVE- que se cumpla algo tan sencillo como la legislación, concretamente, la Ley de Medios aprobada en el 2011 por el Parlamento gallego.
