Luces y sombras

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María Jesús Argibay

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noviembre 14, 2021

Luces y sombras

Informar, formar y entretener. Eso me explicaron que era la función de los medios de comunicación cuando hace ya hace más de tres décadas decidí seguir mi instinto, mi pasión que con los años ejerciendo se confirmó: «hacerme periodista». Lo logré y tuve la suerte de poder ejercer esta profesión tan maravillosa que es la mía desde que dije adiós a la Universidad.

Cierto es que allí entras para prepararte y formarte, y aprendes cosas, pero periodista me «hice» día a día, aplicando esos conocimientos en el ejercicio de la profesión, contando noticias, buscándolas, contrastándolas y transmitiéndolas a lector u oyente. Cuando pones los pies en la tierra, en el fango informativo, aprendes de los que llenaban las redacciones cada día más vacías y que llevaban años «haciendo periodismo». Profesionales cuyas agendas valían oro porque los números que en ellas estaban anotados no eran accesibles a todo el mundo.

El periodismo de seguir una pista, de charlar con uno y con otros y de contrastar con terceros y hasta con cuartos si esa información era correcta. Un periodismo en el que las entrevistas respetaban las palabras y en el titular reflejaba parte de lo que en ella el o la protagonista transmitían. El respeto mutuo entre periodista y entrevistado era prácticamente sagrado.

Las ruedas de prensa servían para hacer preguntas -inconcebibles los plasmas-, para resolver cuestiones que no estaban claras o incluso para contrastar directamente con el afectado por una futura noticia, el dato que se había logrado y respetando en todo momento como «secreto de confesión» -que debe ser así- un off the record (aquello que te cuentan fuera de micro, de grabaciones con la condición de que la información no se publique ni se sepa quién es la fuente; datos que servirán para tirar del hilo).

Contrastar, esa es la esencia de una buena información. Se hacía y me consta que se hace pero con los años el periodismo ha ido cambiando ante la exigencia de inmediatez que requieren las mesas de redacción, los superiores en una era en la que la digitalización marca el ritmo, el compás a seguir y que depende del número de likes que logremos y todo eso con equipos cada vez más mermados a los que se les exige más y más.

El periodismo ha cambiado y evoluciona pero no debe olvidar las premisas fundamentales: informar, entretener, formar pero desde el rigor y la verdad contrastada, evitando lo que antes se consideraba amarillismo y no se aceptaba y que con el paso de los años parece ocupar cada espacio que radios, televisiones y periódicos, así como digitales, puedan darle. Porque aquí vale el que antes saque una historia «jugosa», esa que todos seguirán e intentarán exprimir al máximo pese a quien le pese, y dañe a quien dañe.

Una reflexión a la que me ha llevado sin duda la noticia del gallego que en una entrevista aseguró haber estado 35 años en coma y haber despertado. Una persona que lleva una vida normal tras años de sufrir episodios de desmayos continuos que le impedían sujetarse a una vida normal, con una secuencia relativamente lógica. Él decidió contar su historia así -a pesar de que un periódico hace años narraba la historia contrastada- a algún periodista le pareció un «filón de oro», de esas historias que despertarán el interés y lograrán su viralización en «cero coma…» y la publicó. Sin contrastar, sin pensar si tenía sentido lo que estaba contando su entrevistado, sin ir más allá de su palabra…

Y tras esa primera viralización, el resto de medios nacionales y no nacionales hicieron lo mismo, hasta que alguno quedó en evidencia y entonces, señoras y señores, ¿para que entonar el mea culpa? ¿Cómo reconocer que se equivocaron que no contrastaron la noticia y que solo buscaban audiencias, likes y todo lo demás? No claro que no, decidieron hacer el ejercicio -ahora sí- de contrastar a costa del ataque constante y sin piedad contra el protagonista de la historia, haciendo leña del árbol caído y buscando testimonios que lo dejaran en evidencia, e incluso llegando a hacer mofa. Triste, lamentable. Eso no es periodismo, claro que no.

Se han perdido las formas y maneras. Sé que hay muchos y muchas profesionales que lo hacen bien o que al menos lo intentan pero a veces son demasiado grandes los obstáculos a los que se deben enfrentar para hacer su trabajo correctamente, como debe ser el periodismo.

Es curioso estos días estaba viendo el documental de «Dolores» en HBO, que habla sobre el caso Wanninkhof y la condena de Dolores Vázquez que al cabo de años se demostró su inocencia. Entonces los medios de comunicación realizaron un seguimiento «intensivo» hasta el acoso de esta mujer y la convirtieron en culpable ante una opinión pública que la condenó como asesina. Lo recuerdo, y entonces nos pareció horrible.

En otra plataforma, se recordaba el caso de las niñas de Alcaser. Hasta la saciedad nos han recordado la cobertura que hizo en su día Nieves Herrero, buscando el «morbo», algo que escandalizó a muchísima gente y que le han criticado de forma constante. Y después de años, viendo los episodios de este documental descubro que la 1 con Paco Lobatón hacía prácticamente lo mismo, buscaba ese dolor de los vecinos, de los padres, intentaba hablar con compañeros y compañeras y buscar la lágrima fácil. Sin embargo, a él nadie puso en la picota. Sin duda algo que hace pensar.

Imágenes documental Netflix

Nos echábamos las manos entonces a la cabeza porque eso (se suponía) era una excepción, algo criticable, pero no… solo era la punta del iceberg de un periodismo que estaba ahí escondido y que se abría camino apostando por el morbo, por buscar los secretos más oscuros, por avergonzar y ridiculizar, por publicar rápidamente y sin contrastar -aunque luego haya que retirar la noticia o darle una vuelta-… un periodismo que opta por la fotografía donde más sangre se ve, aunque no aporte nada informativamente respecto a lo sucedido; ese periodismo que prefiere machacar a un hombre que -él tendrá sus razones- su vida la entiende como vivida en coma, antes de reconocer un error y viendo que resulta más rentable y más cercano a lograr un trending topic que decir: «nos hemos equivocado, y hemos hecho mal nuestro trabajo».

El periodismo es fantástico y maravilloso y me quedará siempre con sus luces que espero puedan vencer sus cada vez más sombras.

¿Hablaamos? Te espero