En esta ocasión no me centraré en un título concreto, en una música especial o una película que me haya emocionado o, simplemente, identificado algún momento de nuestra historia, incorrectamente olvidado. No, en esta ocasión hablaré de lugares realmente especiales, lugares en los que son muchos, muchísimos los caminos que puedes elegir, sortear o adentrarte en ellos para descubrir mundos maravillos, mundos reales, oníricos, del futuro o simplemente espacios en los que evadirte y esconderte en determinado momento, sin más preocupación que dejarte llevar a través de ellos.

No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que entré en una de ellas, ni con qué objeto. Estoy casi segura que lo hice de la mano de mi madre o padre para comprar algún material que necesitaba para hacer las tareas, o cuando, al final de agosto, recogíamos los libros del próximo curso con su correspondiente forro de plástico con el que cada mes de septiembre cumplíamos nuestro tradicional ritual de preparar todo el material escolar que íbamos a estrenar ese año (siempre y cuando no nos tocaba heredarlo de nuestros hermanos). Entonces nos llamaba más la sección de la papelería que, en muchas de ellas, siguen compaginando con el apartado de las nuevas publicaciones y títulos que salen al mercado.

Años más tarde entraría en ellas en mi ciudad universitaria (ahí estaba la librería Cervantes o la marvillosa Victor Jara) en la que además de los libros técnicos o de historia, economía y otros contenidos, siempre, siempre había un tiempo para disfrutar echando un vistazo a los títulos expuestos, a sopesarlos en la mano, a ojearlos o simplemente anotar mentalmente -o incluso en pequeñas chuletas- cuál sería el próximo en adquirir.
No recuerdo exactamente el momento en el que desarrollé mi pasión por la lectura, simplemente sé que en los libros he encontrado grandes momentos, grandes historias y me han permitido desarrollarme como persona, desarrollar mi capacidad crítica e incluso de sopresa, o creativa. Si hecho la vista atrás -como ocurrió recientemente en una visita al trastero de mis padres- me descubro leyendo una pequeña pero muy longeva revista, la Reader Digest, aquí en España conocida como Selecciones, o esa colección que en cumpleaños y en la noche de Reyes, fueron completando sus Majestades con historias dedicadas a jóvenes aventuraras y que me descubrían diversas profesiones a lo largo del desarrollo de la historia.
«La vida sale al encuentro», de Martín Vigil, una de las primeras lecturas escolares de las que tengo recuerdo a las que siguieron muchas más. Tiempo de Silencio, La Colmena, Obabokoak, La Casa de Bernarda Alba, La lluvia amarilla, Cinco horas con Mario… y un largo etcétera que han ido sumándose a mi biblioteca personal y así como a momentos de mi vida que puede identificar con muchos de ellos, con aprendizajes personales, con sonrisas o lágrimas… la magia de los libros, la magia que escritores y escritoras crean para los que esperan con ansia saber qué ocurre a través de las páginas de la publicación que acaba de elegir, y que es posible también al trabajo de editoriales, de editoras y editores que cuidan que esos libros sean una realidad, que trabajan y forman parte de un sector que es esencial, que debería entenderse y calificarse como bien esencial en cualquier sociedad del mundo.
Escritores, maquetadores, ilustradores, editores… todas y todos ellos forman un todo necesario para que llegado el momento accedamos a esos lugares mágicos a los que me refería, las librerías, y podamos tener a nuestro alcance diferentes historias; la posiblidad de descubrir nuevos mundos; abrir nuestra mente a nuevos debates políticos o históricos; derribar ideas preconcebidas y quizá equivocadas…Las librerías, y quienes están al frente, nos abren todas estas posibilidadades y por eso me ratifico que merecen ser consideradas un bien esencial –Cataluña ya ha dado ese paso- , o como ya han hecho países europeos como Bélgica o Suiza y otros se lo plantean como Francia.
Seguramente muchos penséis que no, que no lo son. Permitidme discrepar con vosotras o vosotros, más en los tiempos convulsos en los que vivimos, en los que los mensajes rápidos, lo más instantáneos posibles, el número de likes parecen valer mucho más que tomarnos tiempo para disfrutar de un buen libro, de una lectura pausada y que nos «toque por dentro», que nos haga reflexionar. No tiene por qué ser de política, ni sobre pandemias o futuros económicos… simplemente libros, textos que nos llaman la atención y nos permiten desarrollar nuestro pensamiento crítico, saber debatir, contrastar la realidad, entenderla –«habelos, hailos«-… ¿No os parece suficientemente esencial?
Pues sí, por eso hoy mi entrada del blog se la dedico a todas la librerías y a las personas -libreras y libreros- que están al frente de ellas para ayudarnos. A las pequeñas de barrio, como la de Libro’s, en la que mis padres compraban ya mis libros y ahora yo los de mi hija, donde siempre, siempre hace lo imposible Paula por lograr ese título que le pedimos. Las librerías de cercanía, las librerías independientes en las que puedes entrar como es el caso de Cartabón, Librouro, Versus, Nobel, Cronopios, Vigo… y un largo etcétera y pasearte entre sus estanterías, descubrir los títulos, ojear los libros y sobre todo, saber que te van a recomendar o resolver cualquier duda que tengas, sin ningún tipo de duda.

Librerías que han tenido que reivintarse, como ha ocurrido con las bibliotecas, e ir más allá de un simple establecimiento en el que comprar libros. Claro que sí, son mucho más. Además de ser una buena «consultoría literaria», si se puede decir así, se han convertido en un lugar de encuentro de lectores y escritores, promoviendo presentaciones o mesas redondas, entrevistas en directo o simplemente firmas que facilitan ese contacto tan importante entre creadores y lectores -al menos para mí sí lo es.-
Pero si quedan dudas recurramos a las cifras, que siempre parece que convencen un poquito más: en España 7.600 empresas se dedican a la edición de los libros, un 32% de ellas con estructuras de uno a 5 trabajadores, el 47% asalariados. Las librerías en nuestro país son más de 3.550 y suman un total de 12.000 trabajadores. La aportación del sector del libro al PIB fue en el 2019 de 8,7 % del total y un 31,5% dentro del sector de actividades culturales.
Durante el confinamiento y la pandemia los libros, como muchas y muchos reconocieron, fueron su vía de escape ante una situación que resultaba realmente increíble y angustiosa para la gran mayoría. Aún así durante todos esos meses fueron muchas las ferias suspendidas; presentaciones y promociones que no se pudieron realizar; premios retrasados; publicaciones pendientes… todo ello generó importantes pérdidas al sector, calculadas en más de 1.000 millones de euros, en los primeros meses de este año. Sinceramente creo que en este momento, en el que la hostelería, industria y muchos otros sectores se hacen oír con fuerza en la calle y mediáticamente para que se atiendan sus demandas deberíamos afinar el oído para atender a sectores como el de las librerías que, silenciosamente, intentan seguir adelante.
Recibieron ayudas -o al menos se las prometieron- y desde la unión de todo un sector lucharon y luchan por solventar los obstáculos y problemas que este endiablado 2020 les ha traído, con la publicación de un manifiesto para salvar la cadena del libro #EnDefensadelLibro en el que se solicitaban medidas concretas «si queremos conservar la diversidad de las pequeñas y medianas editoriales y librerías”. Algunas medidas llegaron tarde, pero lo hicieron, pero aún así el sector estima cerrar el año con pérdidas de un 25% en su facturación por lo que entienden que el gobierno debe ir más allá y reclaman un «pacto de Estado por el libro y la lectura«. ¡¡Sería maravilloso¡¡ ¿No os parece? Aunque viendo lo difícil que es alcanzar un pacto político en este país -seguimos esperando por el pacto de Estado por la Educación- crucemos los dedos y paso a paso, logremos al menos que las librerías, la cultura sean consideradas como bien esencial.
Esas pequeñas y medianas librerías que están en nuestras calles y barrios y que compiten con grandes superficies y sobre todo con grandes plataformas digitales que se rigen por reglas diferentes -también ocurrió en la pandemia-. Pero no se rinden y, por fin, han aunado esfuerzos y creado la plataforma Tuslibros.com en el que más de 700 librerías de nuestro país nos abren sus puertas digitales para que sigamos entrando en su maravilloso mundo, el de las librerías independientes y compremos en ellas nuestros libros, los que queremos regalar, los que nos recomiendan o simplemente aquellos que nos llaman la atención. Simplemente seguir apoyándolas, dar oxígeno e oxígeno a estos negocios para que mantengan sus verjas abiertas.


Así que doy gracias porque sigan ahí, y por todo lo mucho, muchísimo que ha mí me han aportado. En ellas descubrí El pintor que escribía; Tantos anos de silencio; La amante de Bozonaro; El penúltimo sueño; Luces de Bohemia; Eloisa está bajo un almendro; Dime quién soy; Jules Verne e a vida secreta das mulleres pranta; Deixe a súa mensaxe despois do sinal; El hijo; Bonus Track; Lume Azul; En la oscuridad; La teoría de Kin Kong; El lector de Julio Verne; La voz dormida; Goodbye Columbus; O libro da filla; El estilita; Todo o que fomos…. y un larguísimo etc.
Por eso larga vida a las librerías y, por favor, no dejéis de asomaros a ellas. Si sois habituales no lo podréis evitar y si no, os aseguro que un mundo fantástico os espera en su interior… solo intentadlo.
Y…¿cuál es la vuestra?