¡¡ Jumanji !! 2020

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María Jesús Argibay

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noviembre 7, 2020

¡¡ Jumanji !! 2020

Desde bien pequeña tengo recuerdos ante la gran pantalla, tardes de cine, momentos en los que he vivido alguna emoción frente a secuencias que pasaban ante mis ojos y durante un tiempo me permitían evadirme de la realidad. No me puedo definir como cinéfila, ni experta, sí amante del séptimo arte, de los clásicos y de grandes películas que se han filmado en los últimos años.

Basada libro ilustrado infantil de Chris Van Allsburg.

También soy consciente de que quizá mi criterio se aleje en ocasiones del de los críticos y no coincida con ellos. Sí creo que hay películas que están ahí, sin pasar a la historia como las más premiadas, para entretenernos, pasar el rato y, en muchas ocasiones, en familia. Es el caso de Jumanji, la versión de 1995, protagonizada por Robin Williams – el maravilloso Sr. Keating del Club de los Poetas Muertos- y que recientemente se versionó en el 2017 bajo el título «Jumanji: bienvenido a la selva» y dos años después en una segunda parte bajo el título «Jumanji: siguiente nivel».

Un juego maldito, en la versión original sobre un tablero típico de los de mesa de siempre, y ya en el siglo XXI un video juego, y, en ambos casos sus protagonistas atrapados en él y obligados a cubrir niveles para poder volver a la «normalidad» de su vida, recuperar su día a día. Una vez superadas todas las pruebas solo deben gritar ¡¡ JUMANJI !!

Curiosamente ese es el grito que me ha propuesto mi hija hace unas semanas para despedir el año 2020. Muy seria y, como grito de guerra exorcizador, me propuso que como ocurría en la película cuando suenen las doce campanadas desde la Puerta del Sol – que mucho me temo este año lucirá vacía respecto a los anteriores- gritásemos ¡¡¡ JUMANJI !!! «y así pondríamos final al año maldito, haríamos un game over perfecto». ¿Qué os parece?

La OMS declara los brotes de covid19 como pandemia el 11.03.20 con 114 países afectados y más de 118.000 contagios

Sería fantástico finalizar así este año, que sí es comparable a un juego macabro en el que nos hemos visto inmersos y en el que se han olvidado explicarnos las instrucciones. Comenzamos tarde, quizá por confiados o por pensar que con nosotros eso no iba pero llegó nuestro turno y en en la casilla de salida se decretó un estado de alarma y un confinamiento en nuestras casas, con incertidumbre y cifras de muertes que nos parecía imposible superar. Se superaron y los dados preparados marcaban el ritmo de los jugadores (ciudadanos y administraciones) dispuestos sobre un tablero realmente maldito: una pandemia.

Y ojo que todos éramos nuevos en esto y todos nos esforzamos en frenar la famosa ola porque sin darnos cuenta en el juego surgió uno de los primeros obstáculos a superar: la falta de infraestructuras, recursos y medios para los jugadores esenciales para avanzar en el juego: los médicos y personal sanitario. Durante años este elemento crucial para la partida fue mermado de forma consciente con continuos procesos de privatización puestos en marcha por las políticas de los gobiernos en las distintas comunidades.

Durante la primera ola más de 20.260 ancianos murieron en las residencias

Un enemigo común para otro grupo de jugadores que, al contrario que en la película Jumanji, no disponían de tres vidas para utilizar: nuestros mayores. En día a día nos darían puntos y vidas extras por salvaguardalos, defenderlos. Pero en los primeros tiempos de la pandemia se normalizó de «relativizar» las víctimas mortales de la covid-19 señalando que eran de «edad avanzada y con dolencias previas». Y miraron hacia otro lado, los aislaron y en muchos, muchísimos casos los abandonaron, situándose en miles de muertos muy pronto a los que ni siquiera pudieron despedir sus seres queridos, marchándose en silencio mientras los responsables políticos los utilizaban como armas arrojadizas, frías cifras que echarse en cara para saber quién lo hace mejor o peor, para demostrar, una vez más, que los intereses de partido siempre están por delante de sus representados, los ciudadanos.

Y si algo queda claro en Jumanji es que a pesar de los enemigos y niveles que se deban superar, a pesar de las diferencias, la unión es fundamental para avanzar, algo que en España parecemos haber olvidado. Pronto se ha apelado a la responsabilidad social frente a la política, a la responsabilidad individual frente a la colectiva y con unos directores de partida que, superado el impacto y desconcierto inicial, se han centrado en quién lo hacía mejor o peor, en lugar de centrarse en «hacer», en actuar y tomar las decisiones oportunas que nos demostraran a los ciudadanos que sí, que quizá influenciados por lo extraordinario de la situación, esta vez sí podían estar a la altura de lo que se espera de ellos cuando depositamos en las urnas el voto que les elige.

Y a pesar de todo y gracias al esfuerzo de miles de profesionales y las ganas de toda una población superamos todas las casillas y nos acercamos al final con el aviso de que podríamos enfrentarnos a un segundo nivel, eso sí, con la tranquilidad de haber ganado extras y saber cuáles eran nuestros puntos débiles. Llegaron los compromisos y promesas: partidas presupuestarias para contratar rastreadores, más médicos y enfermeras; dotar los hospitales de más medios; volver al cole con seguridad y también con inversiones que pudieran garantizarla, y, hacer accesible al mayor número de personas las ya famosas pruebas «PCR». Confiamos y nos lo volvimos a creer.

Vivimos una segunda ola de pandemia sintiéndonos como el protagonistas del Día de la Marmota

Craso error porque en determinado momento nos hemos dado cuenta que nuestras administraciones son más partidarios de la película de Bill Murray, El día de la marmota, ya saben, esa en el que se repite una y otra vez la misma jornada. Aquí estamos, en el mes de octubre ante una nueva ola de covid19 mucho más fuerte, y sobre un tablero de juego que se parece demasiado, por no decir, idéntico al que hace meses ya recorrimos (basta con escuchar las noticias). Con una diferencia, entonces los directores de juego (gobiernos y responsables políticos) actuaban a ciegas, ahora no y aún así están repitiendo prácticamente paso por paso la partida, en la que sólo hay una vida por cada jugador que se enfrenta a ella.

Me temo que esta lucha dependerá, nuevamente, de nuestra respuesta como sociedad y como individuos obligados a adaptarnos a esta «nueva normalidad» que debemos aceptar cuanto antes que que nunca volverá a ser como la vivida hasta el 2019. Así que visto lo visto, ¿por qué no hacer caso a mi hija?: El 31 de diciembre de 2020 podríamos gritar todos bien alto ¡¡JUMANJI!! e imaginar que sí, que logramos ganar el juego a un año extraño que marcará la historia para siempre, pero que conseguimos un fin de partida y podemos continuar hacia adelante. ¿Os imagináis?

¿Hablaamos? Te espero