ETA

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María Jesús Argibay

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diciembre 20, 2021

ETA

Curioso, es realmente curioso comprobar como aquellos que se empeñan (de forma casi compulsiva) en enterrar la memoria histórica alegando que es pasado, que no vale la pena volver a él, pongan el mismo empeño en mantener viva una parte de nuestra historia reciente, triste y dolorosa, como si todavía fuera una realidad diaria ver en las noticias un atentado de ETA, un secuestro, un asesinado con un tiro a la nuca. Realmente curioso ¿no os parece?

Esta idea me ronda desde hace ya meses y meses pero fue inevitable no compartir la decepción y el cabreo que en un corte del Hoy por Hoy de la SER escuchaba camino a mi trabajo. En la tribuna de oradores, el diputado vasco Odón Elorza -sí ese que recientemente desobedeció la disciplina de partido en la elección de los miembros del Tribunal Constitucional por coherencia- se quejaba y enfadaba por el uso que hacen de las víctimas. Déjenlas ya… Escucharlo me puso los pelos de punta, porque realmente hace tiempo que me parece ruín el uso que de ellas realizan los partidos de la derecha – son ellos, les guste o no a muchos leerlo- para sacar réditos políticos, para tapar su ineficacia como oposición o sus líos internos.

Las propias víctimas se lo han demandado, políticos y personas que sobrevivieron a ETA en los peores momentos y en su recta final, y aquellos que lucharon contra la banda terrorista en primera línea, en el País Vasco sabedores de que llevaban dianas pintadas sobre ellos. ETA. Tres siglas que para aquellos que nacieron después del 2011 ya no tendrán sentido, que para jóvenes de algo más de 20 años no son más que dos vocales y una consonante.

Se cumplieron diez años en octubre de disolución de ETA y en esos días se publicó el libro «Todos los futuros perdidos. Conversaciones sobre el final de ETA», en el que se recoge una conversación que los expolíticos Eduardo Madina y Borja Sémper mantuvieron en un caserón del País Vasco, una conversación conducida por la subidrectora del Diario Vasco, Lourdes Pérez Rebollar.

«En las sociedades de la memoria cabe el olvido, pero en las sociedades del olvido no cabe la memoria»

Dos hombres de la misma generación que nacieron el mismo año con un mes de diferencia. Uno en Bilbao y otro en Irún; dos hombres que militaron y militan en partidos diferentes y opuestos ideológicamente (PSOE y PP) y que vivieron en primera persona el horror, el miedo, el dolor y la barbarie de una banda que nació en a finales de los sesenta para combatir al franquismo y defender la esencia de una comunidad autónoma ante las imposiciones que la dictadura franquista. Una banda que defendía ideas políticas y justificó el uso de la violencia para hacerlo, una justificación que perdió su razón de ser con la llegada de la democracia que no les impidió seguir matando en lugar de ganar sus batallas con las nuevas herramientas que tenían a su disposición.

Cada uno de los que vivimos esa realidad tenemos presentes determinados momentos históricos ya, como el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, pero muchas otras imágenes que se repetían de forma constante en las noticias: coches bomba, tiros en la nuca, extorsiones, zulos… Pero sin duda vale la pena ver el análisis que desde la serenidad de lo vivido y lo vencido realizan los dos protagonistas de la novela. Desde la tranquilidad de «una vida nueva» que disfrutan Eduardo Madina y Jorge Sémper desde el 20 de octubre de 2011, fecha en la que ETA anunció su disolución, la banda terrorista desaparecía.

«Todos los futuros perdidos» nos acerca a momentos que no debemos olvidar, claro que no. Momentos que es necesario que las nuevas generaciones estudien; reflexiones de ambos protagonistas que te hacen comprender el papel jugado por cada partido en el País Vasco en aquellos momentos tan difíciles, en los que viajar a esa comunidad para muchos era algo impensable porque «¿y si hay un atentado?» Momentos en los que, como señalan curiosamente en este libro, la «indiferencia» se convirtió en una realidad para los habitantes de esta parte de nuestro país hacia la que se prefería no mirar porque el problema era entre ellos.

Borja Sémper y Eduardo Madina

Podría subrayar muchos párrafos del libro, muchas partes de esta conversación entre Sémper y Madina pero creo que es mejor que os asomeis a este libro -también documental en TVE1- porque estoy segura que las reflexiones y sentimientos que os despierten serán muchos y diferentes a los que surgieron en mí. Pero junto a esa indiferencia que tantas veces mencionan -ese mirar hacia otro lado o negar la palabra al vecino que señalaron los etarras- me quedo con estas palabras de Sémper que nos recuerda que «si normalizamos, si institucionalizamos a la izquierda abertzale tan rápido como para que no tenga que afrontar las consecuencias de su pasado de violencia, eso está olvidado y deja de ser relevante, entonces que lo haga. Y no estaremos luchando por los mejores valores de convivencia».

Reflexión que me hizo pensar en la ley de la memoria histórica, esa que muchos quieren olvidar, enterrar en el pasado, fruto de una ley de amnistía a la que se refiere justo después Eduardo Madina y que califica como «una especie de pacto de borrón y cuenta nueva a partir del cual hemos construido un olvido feliz. Al otro lado de ese olvido feliz hay mucha gente que no sabe dónde está su padre o su abuela, enterrados todavía en las fosas comunes y cunetas, atrapados en las consecuencias físicas o materiales de ese olvido.«

EH Bildu está en Parlamento legítimamente, cumpliendo todos los requisitos legales que se exigen a una formación política, elegido democráticamente en las urnas. Pero eso no quiere decir que se debamos olvidar lo que pasó en el País Vasco durante más de cuatro décadas y a quienes empuñaron las armas, claro que no. Debemos caminar hacia el futuro desde el presente, sin olvidar nuestro pasado, pero no usándolo de forma tergiversada y falsa para enturbiar la actualidad.

No olvidamos las víctimas, como tampoco queremos que se olviden a las de la Guerra Civil, claro que no. No justificamos a ETA pero sí aceptamos que, afortunadamente, no existe desde hace diez años y esa pesadilla terminó. Porque «que el olvido vaya ganando la partida no quiere decir que en los libros de Historia no vaya a aparecer la verdad de lo que supuso la violencia de ETA», claro que no. Es nuestro deber como ciudadanos recordarlo y el de las administraciones también y sobre todo aplicar lo aprendido aquellos años y no instrumentalizar y hacer propio algo que casi podríamos decir que «es patrimonio nacional».

«Todos los futuros truncados» nos permite «cubrir un viaje existencia a través de una historia, con minúscula y con mayúscula, que también le compete, también le concierne, también le interpela…».

«Cuando se indaga en el silencio, en los silencios, los velos comienzan a levantarse». Indaguemos, pues.

¿Hablaamos? Te espero