La actualidad que día a día inunda los medios de comunicación me ha llevado a recurrir en en esta ocasión al cajón de sastre de mi blog. En él expongo mi visión, mi opinión sobre cuestiones que me rodean sin partir de una lectura, un película o una canción -aunque seguro que hay miles que puedan reflejar mis sentimientos-.
Me refiero al hartazgo, cansancio, tristeza e incluso repulsión que me genera el comprobar que nuestros representantes políticos -no olvidemos, a quienes con nuestro voto otorgamos el poder de representarnos- se olvidan precisamente de las personas, de sus electores y sus preocupaciones. Oía hoy en la radio a uno de los comentaristas citar una frase de la candidata norteamericana a la presidencia Kamala Harris «Country before party», o lo que es lo mismo, el país antes que el partido político. Suena bien, ¿verdad?
Tanto que parece una utopía, algo que todos deseamos, que entendemos como lo más lógico y necesario para que nuestras sociedades se desarrollen correctamente, atendiendo los derechos y necesidades de sus integrantes pero que a la hora de la verdad no es así. El concepto de res pública, la defensa de lo público surgió en el siglo IV A.C., durante el imperio romano. Nuestros representantes políticos están para ello, para defender el bien común, la cosa pública al tiempo que nosotros cumplimos con nuestras obligaciones como ciudadanía.
Pero la realidad nos demuestra que es mentira. Evolucionamos, nos modernizamos, las nuevas tecnologías empiezan a pasarnos por encima y ellos y ellas, nuestros representantes políticos, siguen enzarzados en sus intereses, los partidistas. En este caso el partido por delante del país. Los medios de comunicación -no todos- dan rienda suelta a bulos, noticias falsas que llevan a esa famosa polarización social que parecen alimentar nuestros representantes públicos, que ahora descubrimos que no saben ni hacer su trabajo, o al menos leer.
La oposición, el PP, por muy poco que les guste, es irresponsable y no ejerce como tal. Su papel no es oponerse a todo por el mero hecho de no dar la razón a quien ganó legítimamente las elecciones y gobierna, sino intentar negociar y llegar a consenso en cuestiones en las que a nivel técnico se está llegando y se frena al llegar al ámbito político por el puro hecho de «cumplir las premisas del partido».
Y así no importa judicializarlo todo, convocar manifestaciones o dedicar los plenos de control a hablar sobre casos de corrupción, ataques personales y desarrollar la hoja de ruta planteada desde el minuto uno: recuperar el poder unos, y otros mantenerlos a costa de lo que sea. No entraremos en esa guerra que tienen sobre quién es más o menos… en cada cosa, sobre los audios de un jefe del estado que dejan claro su catadura moral y casi podríamos decir que intelectual, o, en los egos de presidentas de comunidad y asesores personales… no.

Mientras ellos se enfrascan en sus luchas de poder, mentiras como que los migrantes vienen a quitarnos el trabajo, robarnos o mil cosas más siguen calando en nuestra sociedad. Y lo que nos parecía una locura hace unos meses cuando la primera ministra, la ultraderechista Giorgia Meloni, alcanzaba la presidencia y proponía políticas de inmigración que nadie estaba dispuesto a aceptar ya no se tan descabellado. ¿Nadie lo iba a consentir?: mentira, la Unión europea no ve mal su idea de enviar a quienes cruzan el mediterráneo a un centro de internamiento, a un tercer país -y ojo que ya pasamos por pagar a países que los acogieran como Turquía- que ya están en marcha.
Sin olvidarnos por supuesto, de la barcaza para migrantes que en su momento Inglaterra puso en marcha. Y es mentira que sean una amenaza, porque vienen huyendo de guerras y dispuestos a trabajar y ocupar puestos que actualmente los europeos o realizan en su trabajo. Pero da igual, el mensaje del odio gusta más a nuestros políticos e instituciones y ante una extrema derecha que cada vez tiene más presencia parece que la UE empieza a abrir paso a sus ideas porque siempre es mejor eso que buscar soluciones que respeten el interés público.

Y mientras esta idea ya está germinando -o más bien sigue arraigada- en España, en sus calles asistimos a manifestaciones en las que se reclama vivienda, un precio justo para poder vivir. Un asunto que por cierto solo el portavoz del PNV, Aitor Esteban, planteó este miércoles en el Congreso de los Diputados, mientras los dos grandes grupos se dedicaban una semana más al insulto , crispación y hacer ruido.
Y mientras «nuestros/as representantes» se centran en el «y tú más» y «yo debería estar ahí y no tú», millones de personas se sitúan por debajo del umbral de la pobreza, teniendo un trabajo. Casi tres millones que no trabajan para vivir, si no que «malviven para trabajar». Así se desprende del último informe publicado por Intermón Oxfam recoge que la tasa de pobreza laboral en España es del 13,7 %, cifra que se duplica entre personas migrantes (29,5 %). Migrantes, por cierto que en gran parte cubren el trabajo que la ausencia de medidas de conciliación para cuidar a peques y nuestros mayores, el gobierno de turno sigue sin atender correctamente.

Y dice más: en los hogares en situación de pobreza laboral destinan entre el 67% y el 79% de sus ingresos al pago de la vivienda y los servicios básicos, partiendo del hecho que muchos de esos salarios apenas alcanzan los 1000 euros y los alquileres en su gran mayoría los superan.
Es mentira que la migración no venga ayudar; es mentira que nuestros políticos tengan sobre la mesa de prioridades los problemas de la sociedad; es mentira que no sea consciente la ciudadanía de la merma de derechos que sufrimos, del avance de ideologías extremas y peligrosas que no nos hacen recordar nada bueno.
El siglo pasado fueron guetos y campos de concentración, ahora centros de internamiento; el siglo pasado fue la persecución por la orientación sexual, ahora siguen usando como insulto la palabra «maricón» a la entrada de una universidad, o te dan una paliza hasta la muerte por serlo; el siglo pasado las mujeres se relegaban a sus casas y luchaban por ganar sus derechos, sin embargo actualmente, vuelven a verse frenados con techos de cristal, la decisión de ser madres o, simplemente, por ser asesinadas a manos de sus parejas…
Es mentira que la el país, que nuestros intereses públicos estén por encima de los particulares de los partidos, o concretando más, del ego de algunos de sus líderes.