¿Eres cobarde?

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María Jesús Argibay

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octubre 4, 2021

¿Eres cobarde?

«Que siente miedo ante situaciones difíciles o muestra falta de valor para emprender acciones peligrosas o que conllevan cierto riesgo. Que perjudica o hace daño de forma encubierta por carecer de valor.

Esas son las acepciones que recoge la RAE para definir la palabra «cobarde». Y si somos sinceros y sinceras, seguro que en más de una ocasión lo hemos sido ante situaciones que nos han sobrepasado, o ante las que no sabemos qué camino deberíamos seguir. Sí, en algún momento de nuestra vida todos/as hemos sido cobardes.

Coincidiendo con la reciente celebración del Día internacional contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños quiero centrarme en la cobardía social a la hora de denunciar, de luchar contra este lamentable comercio humano en el que las mujeres son trozos de carne sin valor, porque al fin y al cabo -y de nuevo está aquí el machismo predominante- los hombres así lo ven y por ello se creen con el derecho de usarlos, reutilizarlos y tirarlos cuando les apetezca. Imaginémonos, por ejemplo, entrando en una frutería: «Buenas tardes quería medio kilo de manzanas, pero que estén fresquitas, pero sin manchas y la piel tersita… Y medio kilo de fresas, pero no muy maduras, que esta vez no son para mermelada…»

Pues bien, ahora suena un teléfono y al otro lado hay algún/a desalmado/a que recoge una llamada, sí, «quiere una señorita o dos para esta noche, a ser posible que no pase de los 20, que se deje dominar y humillar, piel tersa… perfecto. En media hora tiene su pedido.» Puede parecer exagerado pero me temo que no lo es. Porque la trata de personas es una realidad, un negocio que genera mucho dinero, un horror ante el que la sociedad – en su gran mayoría- es cobarde y mira hacia otro lado, como se viene haciendo desde hace años y años.

Y una vez más se denuncia con una jornada la trata de personas y coincidiendo con esa conmemoración me enteré que se cumplen 20 años de la publicación de la novela «Covardes» de María Xosé Porteiro, publicada por la editorial Ir Indo, y que el próximo 15 de noviembre llegará en castellano a las librerías de la mano de la editorial Belagua Tengo la suerte de conocer a la autora y más aún de haber leído su novela ya hace unos años.

Un libro que nos lleva a ese «Vigo negro» que tan de moda se ha puesto en estos últimos años de la mano de grandes escritoras y escritores, pero que en el caso de «Covardes» nos traslada al Vigo de los 80, a un puerto en el que aparece una mujer muerta, un periodista de sucesos, por todos leído y conocido, que quiere investigar… y que nos lleva a la historia de ella, Leonor, pero también de otras mujeres y sus historias. Nos pasea por la Ferrería -el barrio chino de Vigo-, que nos muestra la cantidad de cobardes que existen alrededor de una mujer engañada con una oferta de trabajo lejos de su hogar, un medio para ayudar a sobrevivir a los suyos, atrapada en las redes de la prostitución y las drogas, la explotación sexual.

Pero sin grandes sobresaltos. Ellas la sufren, ellas deben obedecer si no quieren una paliza de su proxeneta – además de las que pagan los clientes-, ellas deben callarse y cumplir los deseos de padres de familia, de reputados profesionales que desde su cobardía de la doble moral ven lógico poder «desahogarse» fuera de casa, e incluso hacer cosas que jamás serían capaces de reconocer o pedir a su pareja. Sin olvidar la cobardía de aquellos que disfrazan un viaje de vacaciones o trabajo para acudir a países donde la vida de las niñas vale menos que la de las mujeres, y son entregadas a los «turistas» que las pagan.

La lectura del libro nos lleva a ese Vigo en el que -recuerdo claramente- me decía mi madre que no bajara por esa calle estrecha y, en la ya no queda casi rastro de los locales en los que la flor y nata de la ciudad -estoy segura de ello- acudían sin el menor reparo, en los que quienes deberían impedirlo, hacían la vista gorda porque una red de explotación sexual necesita de muchos y muchas cobardes para poder mantenerse, para poder «pasar por alto» accidentes, palizas inexplicables o incidentes en los que no se quiere involucrar al cliente por no ensuciar su nombre.

Y no, no son cosas del pasado, lamentablemente no. Se sigue comerciando con las mujeres, con su cuerpo, con el sexo. Sigue siendo un negocio lucrativo que a muchos no interesa poner fin. El debate sobre la prostitución puede abrir muchos frentes, sin duda, cuando hay quien asegura que si se ejerce libremente cada una con su cuerpo haga lo que quiera. Pero en el caso de la trata y explotación de mujeres y niñas no es una decisión voluntaria, es un comercio de personas, una forma cobarde de ocultar algo inadmisible, una cobardía más para sostener el patriarcado sobre el desprecio hacia la mujer y a sus derechos.

Porque es de cobardes justificar el comercio con carne humana, mejor dicho, el comercio con el cuerpo femenino; con la desesperación y la necesidad de aquellas que engañadas dejan -o huyen, paradójicamente, de abusos y explotaciones- su hogar, su tierra. Cobardes los que afirman que «al menos están mejor», cobardes los que dicen que ellos no tienen la culpa de su situación, y por eso siguen ejerciendo su papel de puteros; cobardes muchos y muchas en la sociedad que lo justifican mirando hacia otro lado porque «qué voy a hacer yo»…

Y curiosamente, releyendo la novela de María José Porteiro, me he dado cuenta de que es cobarde seguir callando o señalando a las víctimas, las mujeres, como las culpables, y evitando poner el foco en ellos, los que permiten que se conviertan en un negocio, en un trozo de carne a cambio de dinero para otros u otras que se enriquecen a su costa.

En 2017 su vídeo se convirtió en viral, poniendo el foco sobre los consumidores de prostitución

Veinte años después vuelve a las librerías «Cobardes» y vuelve la historia de Leonor, la pequeña Lourdes y Nélida, la historia de mujeres en un mundo feo y explotador, en una ciudad industrial de los 80 en la que se dan las «condiciones idóneas para la venta de carne humana: importante puerto de mar, proximidad de la frontera portuguesa, traficantes de droga, mucho dinero…». En este caso habla de Vigo, pero si lo trasladamos a otras ciudades españolas o del mundo, nos daremos cuenta que 20 años después nada ha cambiado.

Prueba de ello, la lectura de los periódicos o las redes sociales que hace una semana informaban del desmantelamiento de una red de explotación sexual, aquí en Vigo, donde se registró un spa urbano en pleno centro de la ciudad en busca de víctimas de un par de hombres y dos mujeres que traficaban con ellas y las explotaban poniéndolas al servicio -previo pago- de otros para que dieran rienda suelto a sus deseos. Cobardes.

Mujeres engañadas con una vida que «nada tiene que ver con la promesa hecha por los hombres que se la llevaron años antes. La trataban como a una esclava, vigilando sus entradas y salidas que no podía hacer sin permiso. Vivía recluida en aquel local donde la obligaba a acostarse con hombres a cambio de ropa o alimento….» Lo dicho, una realidad que, seamos sinceros y abandonemos la cobardía, en pleno siglo XXI sigue sonando igual.

Me resulta inevitable recurrir a otro libro de María José Porteiro que leí en 2019, año de su edición en la editorial Galaxia: Sándalo. Habla de la emigración de los gallegos a principios del siglo XX, de sus llegada a Cuba y muchas cosas más sobre nuestra historia. Una lectura más que recomendable. En su momento subrayé un párrafo porque me sorprendió comprobar qué poquito se había avanzado en cuestiones que nos atañen como mujeres. Con él termino, y veréis que ya sea en 1902, 1980 y 2021… se siguen repitiendo demasiadas cosas:

«Unha muller que viaxaxe soa era unha peza de caza exposta a calquera agresión. Se ademáis era nova, caería con toda seguridade e sería botada ao lixo a continuación. Ás que chegaban preparadas para afrontar unha nova situación estaban destinadas a servir en familias ou como amas de cría, limpadoras, ou lavendeiras; non podían traballar no comercio nin no campo. Estaban totalmente desprotexidas e foron pasto dos traficantes de sexo, moitos deles paisanos, que non as vían máis que coma carne vendíbel, doadas de enganar. As que non ían directas aos bordeis e conseguiron formar una familia seguían estando fóra do sistema asistencial creado para os emigrantes de sexo masculino».

Nos suena, ¿verdad? Lo dicho, es un problema de todos y todas. No seamos cobardes.

¿Hablaamos? Te espero