Ellas

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María Jesús Argibay

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octubre 24, 2020

Ellas

Hace unos días, hablando con un amigo, hice una confesión que le hizo abrir los ojos de par en par. Me atreví a decir en alto, y en un espacio público – guardando las distancias obligadas en este momento, evidentemente- que me gustaba Rocío Jurado, que había sido una provocadora en su momento. Sí, nadie es perfecto y sí, creo que ha sido y será una de las grandes de la música en nuestro país, «La más grande» como es conocida y recordada.

La confesión se hizo en el transcurso de una conversación en la que hablábamos del estreno de «Explota,explota» de @NachoAlvarezOle y que llegó este mes de octubre a las carteleras, esas en las que poco a poco se asoman nuevos títulos de directores y productoras valientes que se arriesgan y atreven a estrenar en esta maldita «nueva normalidad» que ha reducido aforo de salas pero no su magia… Por favor sigamos yendo al cine porque no me cansaré de decirlo y sumarme al lema #laculturaessegura.

Volvamos a centrarnos en estas dos mujeres, Rocío y Rafaella, y en la música que cantaban. En ambos casos -al menos eso pienso yo desde hace tiempo- sus temas musicales les sirvieron para posicionarse ante una sociedad machista y cantar lo que hasta el momento solo eran letras que podían consentirse -justificarse- en la boca de artistas masculinos. Solo ellos podían desear sexualmente a las mujeres -la famosa «Mi gran noche» de Raphael-, hablar del adulterio (castigado en el caso de las mujeres durante muchos años en nuestro país) como ocurre en el famoso «El jardín prohibido», sí ese tema de Sandro Giacobbe (que por cierto versionó no hace mucho Sergio Dalma) siempre considerado -erróneamente- una romántica balada cuando lo único que hace es justificar como natural la infidelidad por ser algo innato a la esencia del hombre… sí, así es, como lo oís.

«Esta tarde vengo triste, tengo que decirte que tu mejor amiga ha estado entre mis brazos. Sus ojos me llamaban pidiendo mis caricias, su cuerpo me ha rogado que la hiciera mía. Comí del fruto prohibido. Dejando el vestido colgado de nuestras inconsciencia, mi mente lloraba tu ausencia..»

Inicio de la canción del Jardín prohibido, donde la culpa es de ella no del hombre

Porque la música siempre es más que una melodía. Al menos para mí, siempre fueron letras y mensajes que se ocultaban en ella. Y por eso creo que Rocío Juarado y Rafaella Carrá fueron dos mujeres provocadoras, valientes que en un momento en el que se suponía que su lugar era la cocina, la familia y su cuidado no tuvieron miedo, quizá ayudadas por el hecho de tener miles de seguidores, de dar un paso adelante con sus temas, con sus actitudes.

Por ejemplo, Rocío Jurado en el año 1974 burló la censura de RTVE actuando con un vestido que se convirtió al día siguiente en noticia, en portada en los diarios españoles por delante de la muerte de George Pompidou, presidente de Francia, que falleció en la jornada en la que la cantante actuó con un escote y transparencias que llegaban al ombligo dejando una gran parte de su cuerpo al descubierto. Sus escotes se convirtieron en la gran preocupación para los censores de la época y ella nunca renunció a utilizarlos.

Pero como decía sus letras y canciones también sirvieron para reconocer que las mujeres tenían voz propia en cuestiones tan normales -y demonizadas- como el sexo y el placer, o la libertad de amar a quien uno quiera sin por eso ser «la otra» frente a la «Señora», correctamente casada. Recordó que la mujer tenía derecho a poner fin a una relación cuando no existía ya el deseo, la atracción sexual porque «hace tiempo que no siento nada contigo». La propia artista veía normal hablar de ello y se sentía orgullosa de romper barreras.

Su «Lo siento mi amor» hablaba de eso, de la libertad de elección de la mujer también en el sexo, sobre su cuerpo y su derecho a sentir pero debemos recordar que las cantaban a finales de la década de los 70 en países en los que las mujeres buenas se casaban y callaban -mira que suena esto rancio… aunque lamentablemente siga latente en el 2020 y todavía son demasiados/as los que se escandalizan -o aún peor, juzgan- cuando se defiende esto públicamente, sin rubor o pudor.

Por eso quizá siempre me han gustado Rocío Jurado o Rafaella Carrà. La italiana también en sus temas abogó por la libertad de las mujeres a vivir según sus normas y no las impuestas. «Sin amantes quién se puede consolar, sin amantes esta vida es infernal. Para hace bien el amor hay que venir al sur lo importante es que lo hagas con quien quieras tú…» (confesad, no habéis podido evitar cantarla mientras lo leíais). Entre sonrisas y vestuarios atrevidos -que levantaba muchas críticas entre «las personas de bien»- nos hizo y hace bailar con temas que hablaban de la homosexualidad (Lucas, Lucas), el sadomasoquismo (Santo, santo) o la masturbación femenina en su conocido tema «5353456»…sí sí, como lo oís, prestad atención porque es por ello que en España se censuró en su momento parte de la letra.

«…Pasa el tiempo y no puedo esperarte más, mi dedo está enrojecido de tanto marcar, se mueve sobre mi cuerpo y marca sin parar… 5353456, ya no vengas que aquí no hay nada que hacer, que aprendí que sin ti hay muchas formas de vivir, el teléfono puedo olvidarlo ya…»

https://youtu.be/31C29nzGELo

Mujeres valientes, modernas que como muchas otras de las que podría hablar aquí – se me ocurren Cecilia o Mari Trini con temas también claramente defensores de la mujer- emplearon la música para denunciar y reclamar su posición en la sociedad. Canciones como armas, que se han mostrado tan eficaces y que, a veces, solo asociamos a las cantautoras o cantautores que las usaron en su lucha contra dictadores o censura. La música es importante en la medida que forma parte de nuestras vidas, de nuestras sociedades y, con ella se llegan a establecer conductas o patrones que se interiorizan, que se aceptan, o en este caso del que yo hablo para todo lo contrario, para poner las cosas en su sitio, para cambiarlas.

Son muchas las artistas que a través de sus letras han denunciado entonces y ahora lo que la sociedad (mirando para otro lado hasta no hace mucho) entendía normal, como por ejemplo, los malos tratos, las violencia de género -aunque en 2020 hay partidos y millones de sus votantes que afirmen que no existe-, o los derechos de las mujeres o de colectivos denostados o perseguidos por valores tradicionales y arraigados todavía en nuestro país. Algunos ejemplos pueden ser como Bebe, Rozalén, Pasión Vega, o Mónica Naranjo,

La música forma parte de la sociedad, de su culturización. En estos momentos el regaetton se ha convertido sin duda en un estilo polémico porque son muchos los temas en los que los hombres vuelven a situarse en una posición superior frente a una mujer cosificada, letras claramente machistas que no se deberían tolerar. Cierto es que no podemos simplificar al máximo porque los orígenes del perreo, como explican en un interesante artículo en el Orden Mundial, tenía connotaciones sociales, de denuncia contra el racismo, la pobreza y otras cuestiones.

Pero si hace años mujeres como Rocío Jurado y Rafaella Carrá fueron las que dieron un paso adelante en el camino que seguimos recorriendo hacia la igualdad real, también ahora ante ritmos que nos parecen claramente machistas, las nuevas generaciones de cantantes recuerdan que «ellas» tienen voz, que «ellas» están ahí, que «ellas» deciden, sienten, disfrutan y les gusta el sexo pudiendo decidir cuándo lo quieren o no. Mujeres que como las ya mencionadas nos señalan que no se trata de ritmos o estilos, si no de escuchar las letras y el mensaje que con ellos nos trasladan. Entre ellas Lola Indigo (Yo ya no quiero ná); Ana Guerra (Ni la hora); Mala Rodríguez (Aguante), Karol G (Mi cama) y muchas otras como Beatriz Luengo que da voz a la mujer en el reagetton.

https://youtu.be/lXs6KL0QKmg
La artista responde al tema de Maluma Hawäi, dando voz a la mujer

Me gustan las mujeres valientes, las que provocan, las que se suman con sus voces a un movimiento que nadie puede parar, el que reclama lo justo: nuestro lugar en la socidad, el que nos merecemos. Y sí, quizá esta sea una de las razones por las que no me cuesta reconocer públicamente que me gusta Rocío Jurado.

¿Hablaamos? Te espero