Cuerpos

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María Jesús Argibay

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julio 21, 2025

Cuerpos

Regresa el verano, regresa el tiempo de playas, piscina y de sacarnos capas de ropa de encima. Y con la llegada del buen tiempo, parece que se incrementa de forma progresiva el derecho de los demás para opinar sobre los cuerpos ajenos, sobre los cutis, las pieles y cómo nos queda lo que llevamos o no llevamos encima.

Curiosamente la película que servirá de hilo a mi blog, le vi el pasado mes de marzo, fecha en la que sonó y mucho para los Óscar, llevándose alguno de ellos. Entonces lo asociaba a lucha de las mujeres contra la tiranía de la belleza a la que durante siglos y siglos se nos ha sometido, y ahora parece que, viendo las nuevas generaciones, también a los hombres -aunque de forma más laxa-.

Demi Moore sonaba con fuerza como posible ganadora por su interpretación en el film de La Sustancia. No se lo llevó. Reconozco que aunque es una gran interpretación, personalmente ha sido una decisión justa pues al margen de la interpretación, su presencia ante las cámaras se ve claramente ayudada por los efectos y el maquillaje. Aún así, el objeto de esta entrada es la película en sí La Sustancia, y el demoledor, actual y real mensaje que en ella se traslada.

La tiranía de la belleza a la que esta sociedad somete a las mujeres. Pasaba hace siglos y sigue pasando en la actualidad. Y por mucho que se empeñen algunos sectores, las mujeres, y cada vez más jóvenes somos las víctimas de las exigencias de lucir una piel bonita, un cuerpo dentro de los kilos que se consideran adecuados, sin canas, sin arrugas… mantenernos eternamente jóvenes. Porque de no ser así, prescindirán de nosotras. Y he ahí el argumento de esta fantástica película que nos muestra un estereotipo masculino protagonizado por Dennis Quaid -director de un medio de comunicación- que aunque exagerado es el reflejo de muchos hombres, demasiados que siguen pensando que mientras a ellos los años les da caché a las mujeres las devalúa, las hace prescindibles.

Una película en un tono totalmente diferente pero nada alejado del mensaje que hace años ya nos hacía llegar Miss Little Sunshine, sin duda, con un final y una moraleja muchísimo mejores. Los concursos de mises que marcan la cultura no solo norteamericana si no de otras nacionalidades, y que ya hace años convertía, este delicioso largometraje, en un claro canto contra las exigencias sociales que se imponen, que nos imponen y que llevan a una pequeña a preguntarse si es guapa o no, y movilizar a toda su familia para presentarse a un concurso en el que finalmente muestra lo realmente importante.

https://youtu.be/tGnXrGLUg4Y

Y es que, a pesar de que hace cinco años «la pandemia que nos iba a hacer cambiar», todo sigue igual que la década de las top models de una 32 y de trastornos alimenticios o sobredosis para mantenerse lo suficientemente delgadas. Míticas chicas de las pasarelas como Kate Moss que aseguraban que «nada me sabe tan bien como la delgadez» y se convirtieron en una imagen, un estilo «Heroin chic , desembocando en un claro incremento de casos de trastorno en conducta alimenticia.

Y en el olvido quedan las alarmas que saltaron y que llevaron a promover una normalización de las tallas, la unificación del criterio a la hora de normalizarlas, de manera que se ajusten a la realidad del cuerpo, de los diferentes cuerpos femeninos -por supuesto-. Corría el año 2008 cuando -ante el incremento de casos de TCA- el Gobierno decidió elaborar un estudio antroprométrico para igualar las tallas, para regular que se ajustaran a los cuerpos normales, a todas las mujeres… Curioso porque solo se hizo para nosotras, una vez más la estética es femenina.

Poco, poquito duró la buena intención de las marcas de adecuar las prendas, las telas a tallas reales y que una 42 fuera tal y no solo un dígito que realmente nunca te servía, siempre te quedaba pequeño porque el tallaje no se correspondía con las medidas reales. Y poco a poco se ha ido retrocediendo y la criticada «heroin chic» parece llenar de nuevo las redes o las estanterías de las grandes marcas donde es normal, y no hablamos de la sección infantil, encontrar más tallas 32 a 38 que una 42 o 44. Y ojo que esa 38 sea tal y no el equivalente a una 36.

Y aquí estamos de nuevo en el 2025, con las crías cada vez más jóvenes abducidas por reels en los que se recomiendan maquillajes, mascarillas o agua micelar para mantener el cutis bien… ¡¡¡que son niñas¡¡¡ Y por supuesto el sector empresarial dispuesto a aprovechar al máximo con mascarillas con forma de unicornio, llenando todo de colorines y dibujitos para que sientan que sin eso, son menos chicas que las demás.

Y de nuevo ocurre lo mismo con las exigencias de los cuerpos, los que se consideran «correctos o socialmente aceptables.» La sustancia nos enfrenta a otra cuestión de la que poco hablamos, el miedo a envejecer, o mejor dicho que nuestros cuerpos o caras se vean viejos. Y de ahí otra moda, como el bótox, las cirugías plásticas y un largo etcétera que se han convertido en regalos de cumpleaños a menores por parte de sus progenitores, o recompensas por sacar buenas notas.

La cirugía estética se dispara en España y crece entre los menores ante la presión de las redes: «Es un negocio en auge».

Aprendamos a respetar, a no opinar y a aceptar que cada uno/a es como es, ni mejor ni peor. Digamos no a sustancias mágicas y ,sobre todo, no den su opinión si no se la piden

¿Hablaamos? Te espero