«Tenemos la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia».
Imposible no memorizar y copiar rápidamente negro sobre blanco esta parte del alegato de acusación del fiscal Julio Straseera cuando la escuché, porque sin darme cuenta y -aunque se refería a sucesos que ocurrieron en Argentina- fui consciente de la vigencia que tiene aún hoy en día, y que podría trasladarse a nuestro país en un momento en el que lo que debería celebrarse como una gran noticia, la aprobación de la ley de Memoria Democrática, sigue generando controversias, críticas por una gran parte de aquellos que sí apuestan por el olvido y por la violencia para no restaurar la memoria de cientos y cientos de personas.
No me centraré hoy en este tema con el que, por cierto, estrené este blog con la entrada «Silencios cómplices», si no que pondremos en el foco en la lucha y logros de muchos que no quisieron quedarse callados y que a pesar de las amenazas, lucharon por hacer justicia, por defender la verdad y desde ella recordar que la memoria siempre es necesaria para que no olvidemos como sociedad lo vivido, lo que nos ha hecho más fuertes; para que no permitamos que se repitan situaciones que en la intimidad nos parecen inaceptables pero que luego, por el qué dirán, o por el «para qué remover el pasado», preferimos no opinar sobre ellas, callar u olvidar sin hacer ruido.

Argentina.1985. Ese es el título de una película que debería ser obligado visionado en aulas y no solo en los cines. Un largometraje que nos remueve la conciencia y que nos hace conocer bastante más de una realidad que por estar a miles de kilómetros y conocer a través de informativos, nos suena pero poco más. Todos y todas tenemos la imagen de las abuelas de la Plaza de Mayo; a muchos nos suena el nombre de Raúl Alfonsín, e incluso de Eva Perón, la guerra de las Malvinas … pero quizá hacía falta saber más, poner nombre, luz sobre ese olvido y creo que eso se logra con este largometraje.
La causa 13/84 sentó en el banquillo judicial a Videla, Massera, Viola, Lambruschini y Agosti, y otros tantos militares acusados de de crímenes de lesa humanidad. Casi 300 casos presentados y la oportunidad de que todo un país, que todo el mundo escuchara en primera persona el testimonio de las víctimas de esta opresión. Televisiones, radios, periódicos y civiles abarrotaron la sala durante meses y prestaron atención a los más de 700 testigos que por allí pasaron y y aplaudieron el discurso final del fiscal y su «señores jueces, nunca más».
En él se quiere destacar la figura del fiscal federal que se hizo cargo de la acusación contra las Juntas Militares de Argentina que estuvieron al frente de la dictadura. Un hombre que, junto a un grupo de jóvenes que apostaban por la democracia y el futuro -los chicos de Strassera- firmó la primera causa civil contra el poder militar, para hacer historia, para poner luz sobre lo ocurrido y no enterrarlo como pretendían hacer muchos. Con miedo, amenazas y muchos problemas se enfrentaron a una sociedad dividida, lo hicieron y lograron hacer justicia contra los dictadores que durante años mataron, secuestraron y torturaron a inocentes sin ningún tipo de reparos y escudados en la impunidad que el poder militar les otorgaba.

Fundamental esa apuesta por el futuro, por mirar hacia adelante y no olvidar, por mantener viva la lucha que durante décadas llevó a madres y abuelas a la Plaza de Mayo buscando a sus seres desaparecidos; avanzar sin dejar de recordar los vuelos de la muerte, o los niños y niñas que eran raptados de los brazos a sus madres en centros clandestinos donde las retenían…y un largo etc de violaciones de los derechos humanos inaceptables y que supieron resolver ante la justicia, sin miedos y sin complejos.
Quizá eso faltó en nuestro país hace más de 40 años y quedaron los complejos y los miedos incomprensibles al pasado. De él debemos aprender y crecer como sociedades y no querer echar tierra sobre ello. La ley de Memoria Democrática ha llegado y con ella se han empezado a dar pequeños pasos para restaurar la memoria en lugar del olvido, desde la justicia y solidaridad con los que sí se quieren cerrar las heridas, como en su día sí hicieron en Argentina con la causa 13/84.
No, no aceptaron los argumentos de los dictadores sobre la sublevación civil que les sirvió para justificar las 30.000 víctimas que legaron a la historia. No lo aceptaron, como tampoco debemos aceptar nosotros que la guerra civil española fue una «pela de nuestros abuelos» o un enfrentamiento entre dos bandos civiles. No, la justicia está en la memoria, y con la memoria hacemos justicia.