Áuryn

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María Jesús Argibay

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enero 18, 2021

Áuryn

«Me gustaría saber qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo… Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles […] Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo».

Estas palabras las piensa Bastian Baltasar Bux poco antes de adentrarse en la Historia Interminable, de Michael Ende, libro que acerco esta vez a mi blog, reconociendo que era una lectura pendiente desde hace años que he ido dejando pasar, poco a poco cediendo paso a otros libros y títulos. Hasta ahora. Y reconozco que me sorprendió y atrapó por partes iguales, y era inevitable arrancar esta entrada con la maravillosa reflexión de su protagonista sobre los libros y el placer de su lectura. Simplemente una invitación para seguir adelante y adentrarse en una historia en la que son muchas las reflexiones, que una vez finalizada podemos sacar.

Páginas a través de las que Michael Ende y el protagonista de la historia a la que nos invita a adentrarnos reflejan claramente lo mucho que nos puede aportar el simple hecho de leer, la magia que se crea en el momento en el que abrimos la portada de un libro y empezamos a pasar sus páginas, según vamos recorriendo palabras, frases, conversaciones o pensamientos que dan forma a su contenido, ese que te puede llegar a atrapar como le ocurre a Bastian según conoce las aventuras y desventuras de Fantasía, un país donde todo parece posible.

Una de las cosas que queda claro tras lectura es que, a pesar de que todos recordamos con una sonrisa su adaptación cinematográfica, y el vuelo ondulante y suave de Fújur guiado por Atreyu, Fantasía oculta muchísimo más de lo que nos descubrió en las pantallas de cine. Más de 36 años desde su estreno y somos una gran mayoría los que la tenemos todavía bien presente. Sin olvidar esa banda sonora que también cumple años generación tras generación como demuestra la adaptación que se ha hecho recientemente de ella por parte de los protagonistas de la serie «Stranger Things».

La tercera temporada de Strangers Things recupera «Never ending story»

Una de las características de esta novela es su grafía en diferentes colores: de rojo y azul de forma que nos va distinguiendo el mundo de Bastian y el de Fantasía, el mundo en el que se introduce a través del libro que tiene en sus manos. Un rojo que va desapareciendo a medida que también nosotros avanzamos en la lectura, introduciéndonos en esa historia en la que en determinado momento te sientes atrapado y tan protagonista como el propio Bastian. Sin duda, en mi caso, me convertí en ese niño llamado a salvar el mundo de Fantasía.

Pero entre sus líneas oculta más mensajes de los que a simple vista podamos creer. La necesidad de pensar, de imaginar, de fomentar espíritu crítico y no dejarnos llevar por las prisas, atrapados por el trabajo, por las exigencias de una sociedad que nos impone la inmediatez y nos roba el tiempo necesario de disfrutar de las pequeñas cosas. Ese tiempo que nos permite, en el caso de este libro, abandonarnos a una historia en la que pronto la realidad desaparece y predomina el color de Fantasía donde descubrimos seres fantásticos y diferentes, de todo tipo, tamaño y color convivir sin problemas, pacíficamente, y logramos recuperar esa parte de inocencia, sorpresa e ingenuidad que, como decía, sacrificamos con lo que definimos como el «día a día», que nos envuelve como la «Nada» que cubre Fantasía.

Como digo son muchos los mensajes que viven bajo esta historia: el valor de la amistad, la soledad, la falta de autoestima, el orgullo o la ceguera que produce el poder y la soberbia, entre otros. De entre todos, sin duda, me quedo con la esencia de la historia en sí: el poder de la lectura, de los libros. Un sector, que en la actualidad precisa de más ayuda de la que puede recibir de los lectores y lectoras asiduos/as; un sector que demostró su importancia cuando nos confinaron en casa – hace ya casi un año- y muchos y muchas abrieron ventanas a través de las páginas de títulos a su disposición. Así durante «nuestro encierro» el índice de lectura se incrementó en un 4 por ciento y el tiempo que se dedicaba a la lectura al día creció casi en media hora por lector/a.

Datos del barómetro de la Federación del Gremio de Editores y Libreros.

También es positivo saber que ese índice en nuestro país, según los datos presentados por la Federación del Gremio de Editores y Libreros en el año 2019 registró un incremento de un 1,8 por ciento respecto al año anterior situándose en un 68,7%. Me gusta comprobar que este baremo echa por tierra ese tópico de que los niños y los jóvenes no leen, o de que su interés por la lectura es escaso, ya que según el estudio el 100% de críos y crías entre los 10 y 14 años leen y en el caso de jóvenes entre los 15 y 18 años, el índice se sitúa en el 93,4% .

Cifra que choca, sin embargo, con los datos del famoso informe PISA (Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes) en el que el nivel de lectura en España cae 19 puntos respecto al anterior, registrando el peor resultado de los últimos 14 años. Y quizá aquí nos encontremos con el quid de la cuestión: el trasmitir el amor, el interés por la lectura; el «enseñar» a amar los libros sin que se conviertan en una obligación, o simplemente en un trámite más a cubrir en las clases para superar los créditos necesarios.

Para ello es fundamental apostar por este sector y promover planes de fomento a la lectura completos y dotados de los recursos necesarios, los mismos que deben destinar a las bibliotecas, y a la cultura en general. Y ahí entran en juego las administraciones que, quieran reconocerlo o no, entre sus prioridades no incluyen la educación o la lectura en los últimos años. Llama la atención , precisamente que Cultura comparta su ministerio con el de Deportes, en el caso del Gobierno central, o en el caso de la Xunta de Galicia, por ejemplo, con Turismo, repartiendo presupuestos y, en demasiadas ocasiones convirtiéndose en la «hermana pobre» a la hora de recibir partidas.

Así por ejemplo los presupuestos recientemente aprobados el Ministerio de Cultura y Deporte ascienden a 1.054, 69 millones de euros, de los que 63,5 millones se destinan a la Dirección General del Libro y Fomento a la lectura, destacando como muy positiva la decisión de crear una Mesa del Libro, «concebida para que siente la base del diseño de políticas públicas específicas para el ámbito del libro y la lectura», como primer paso para alcanzar un pacto en este ámbito. Ojalá se avance, se recurra a los expertos y sectores implicados y no sea un simple brindis al sol para tranquilizar voces que se levantan desde hace tiempo ante un abandono, que se ha evidenciado más tras la pandemia que estamos sufriendo.

Ojalá la presencia de un gobierno progresista al frente del país se haga notar en medidas como ésta y que se concreten en acciones reales, en ese Pacto del Libro que reclama el sector y en el que la unanimidad será fundamental… Llamadme ingenua -o ilusa- pero no pierdo la esperanza ante un clase política que nos lo pone difícil, muy difícil a la hora de pensar en pactos de Estado. Como muestra un botón: el de Educación que seguimos esperando como agua de mayo.

Un país, una sociedad, una persona que quiera ser libre no debe renunciar a la cultura, a los libros, a sus historias… así que para poner el punto y final a esta entrada, escojo otro párrafo de la novela de Michael Ende que espero que os anime a leerla, o simplemente a elegir un título, el que más os llame la atención u os despierte más interés y descubrir qué se esconde detrás:

«Toda historia es una Historia Interminable -dejó vagar la mirada sobre sus muchos libros, que llegaban por las paredes hasta el techo, y luego, señalando con el mango de la pipa, continuó-: Hay muchas puertas para ir a Fanstasía, muchacho. Y hay todavía más libros mágicos. Muchos no se dan cuenta. Todo depende de quién coge uno de esos libros.»

https://youtu.be/lGLPNZcKzaI
The NeverEnding Story» es la canción principal de la BSO de la La historia interminable, compuesta por Giorgio Moroder e interpretada por el cantante Limahl.

¿Hablaamos? Te espero