Termina el año 2022 y como dice la famosísima canción de Mecano «y en el reloj de antaño, como de año en año, cinco minutos más para cuanta atrás, hacemos el balance de o bueno y malo…» y todo tipo de persona «hacemos por una vez algo a la vez»… sonará también esta noche en la que para muchos serán horas de alegría y diversión, para otros de tristeza y nostalgia por los que no están y para muchos otros es una noche más, que se suma a las 364 que ha tenido el año que ahora, una vez suenen la famosas campanadas de la medianoche en la Puerta del Sol, cambiará de dígito.
Pensaba estos días en cómo enfocar mi última entrada del año. Bien podría hacer como una gran mayoría de los medios y de las personas, haciendo un balance de las cosas más destacadas que nos deja este 2022 una guerra en Europa normalizada tras el impacto y la incomprensión inicial de un conflicto bélico en pleno siglo XXI, o la bofetada más sonada de toda la historia de los Oscar. Un 2022 en el que el deterioro de la política nacional, más bien de nuestros políticos, es cada vez más evidente y sin necesidad de casos de corrupción -que habelos, hailos-, simplemente por el uso simplista y chabacano por el que han optado a la hora de defender lo que dicen «el interés público» cuando saben que solo están buscando su bien personal o partidista… una situación que mucho me temo no mejorará si tenemos en cuenta que inauguramos un año electoral.
Y lo cierto es que no sabía muy bien cómo enfocar este última entrada pero una vez más la actualidad me ha llevado a abordar una cuestión en la que creo firmemente y de la que los datos de los últimos días me han dado la razón suficiente para que sea uno de los últimos asuntos que aborde en esta página en este año: la violencia de género, o lo que es lo mismo, la violencia machista. Sí esa que -pese a quien pese y lo nieguen las veces que lo nieguen- se ejerce contra las mujeres por el simple hecho de serlos. Que se ejerce contra la mitad de la población vaya….
Este mes de diciembre se han vuelto a registrar cifras históricas: cerramos el año con 13 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en 28 días, la peor cifra de los últimos 20 años. En la última semana del año se registraron seis de estas muertas, seis de estos crímenes a manos de hombres que todavía siguen instaurados en ese pensamiento patriarcal y fuera de toda lógica de «la posesión de las mujeres» o del «la maté porque era mía», lamentablemente, en una sociedad en la que tal y como comprobamos en los últimos casos muchas veces prefieren mirar hacia otro lado.
Porque escuchando esta semana las informaciones, en uno de los casos la mayoría del vecindario era conocedor de las disputas de la pareja, e incluso de haber visto a la mujer con algún moratón… no olvidemos que la lucha contra la violencia de género, la violencia machista es cosa de todos. Desde la base, apostando por una educación de perspectiva de género, no sólo entre las nuevas generaciones y en los centros educativos, si no en las diferentes instituciones y ámbitos profesionales en los que se aborden estos casos (hablo de la judicatura, la policía, los medios de comunicación, la atención sanitaria y social…) hasta nuestro día a día en el que cada ciudadano y ciudadana de forma individual debemos denunciar y no mirar para otro lado.

Los tiempos de los «secretos de alcoba» y cada cual «lava su ropa en casa» ya han pasado. Si ella no es capaz por la sumisión o el miedo a los que está sometidos a denunciar, es nuestro deber, sí nuestro deber -reconocido judicialmente- denunciar los hechos, alertar sobre ellos porque, quién sabe, por una simple llamada podemos salvar una vida y, lo que es mejor, demostrar que en esta sociedad sí pueden cambiar las cosas; sí existen cientos, miles de personas dispuestas a decir «basta», ni un paso atrás ante una realidad que por mucho que los más recalcitrantes ideológicos quieran mantener viva no tiene cabida, claro que no.

El año 2023 nos dará la oportunidad para frenar a esas fuerzas que niegan la existencia de una violencia que en los doce meses que dejamos atrás registran un balance de 49 mujeres asesinadas por sus parejas y exparejas, dejando 38 huérfanos, cifra que asciende 1.182 – las asesinadas desde el 2003 fecha en la que se computa este tipo de delito-. Y ojo que fuera de ella quedan todas aquellas violadas, asesinadas, maltratadas o repudiadas por ser mujeres por un hombre que ha pagado por estar con ellas o simplemente que se cruzó por la calle cuando corrían con mallas «provocando» -como una errónea campaña institucional señalaba este año-.En ese caso al no existir una relación o ex relación personal con el agresor no se computan como violencia machista, pero son tan víctimas como las otras.
Y no me puedo olvidar de otras miles de mujeres con las que inicialmente pensaba iniciar este blog final del año. Nuestras hermanas de Afganistán, a las que está borrando poco a poco el gobierno talibán con leyes que las quiere invisibilizar en la sociedad, relegándolas al papel únicamente de amas de casa, parturientas y futuras mujeres -desde muy temprana .edad-. Nos echamos las manos a la cabeza hace más de año y medio cuando Estados Unidos sacó sus tropas de allí. 3,2,1… recogía esa cuenta atrás del mes de agosto en este mismo blog cuando se fletaban aviones y se buscaba sacar del país a niñas, mujeres y también colaboradores con occidente por las posibles represalias.

Ellas han luchado y muchas han protestado porque no querían un paso atrás, pero desde entonces hasta ahora sus derechos se han visto cada vez más mermados. El burka obligatorio, su silencio y su imposibilidad de votar o ejercer en la política y este mismo mes de diciembre, sí el que estamos a punto de despedir, su expulsión de las universidades y la prohibición de que las mujeres puedan estudiar, a lo que se suma la de impedir su colaboración en las distintas ONG que prestaban su fundamental ayuda… y en este caso ellas luchan tanto en Afganistán como en otros países como Irán por evitar esa regresión en sus derechos y recordara que son tan personas de pleno derecho como los hombres.
En este caso luchan contra su propia sociedad y contra la mirada hacia otro lado -bien motivada por los ocultos y no tan ocultos intereses económicos- de cientos de naciones que prefieren «blanquear» situaciones como esta, por ejemplo, con la celebración de un mundial en Qatar, país en el que los derechos humanos -y ya no solo los de las mujeres- no importan nada, de nada…
Así que ojalá en 2023 las «feminazis»- como nos llaman a los que no gustamos-, las feministas -para el resto-y la defensa por la igualdad de las mujeres siga siendo una lucha imparable ante mentes rancias y mediocres que quieren seguir sustentando principios que no tienen, ni deben tener nunca cabida en una sociedad democrática. ¡¡Ah!! y que la lucha de unas sea la de todas, están donde estén situadas en el mapa del mundo. NI UN PASO ATRÁS.