
Cuenta atrás. El tiempo se agota. Esta frases se repiten como un mantra desde hace apenas unos días. El 31 de agosto el ejército de Estados Unidos abandonará definitivamente el aeropuerto de Kabul, abandonará Afganistán en manos del poder de los talibanes, ese grupo político radical al que se enfrentaron hace 21 años y con los que han decidido negociar una salida que, todos sabemos, no cumplirán en ninguno de los términos que se acordaron.
La cuenta atrás marcada por Estados Unidos y secundada por la Unión Europea para abandonar a su suerte a cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas en manos de un gobierno extremista radical, que ejecutará a aquellos que consideran que les traicionaron por el simple hecho de ayudar a países occidentales o al gobierno afgano vigente hasta hace apenas un mes. En manos de un poder político con el que no han tenido ningún reparo en negociar «un acuerdo de paz», una salida del mismo territorio que en su día, hace 20 años, invadieron para protegerse del terrorismo islámico, para dar un golpe sobre la mesa y recordar quién manda y ante quién no deben enfrentarse. Una respuesta a los atentados del 11S que todos tenemos en nuestra memoria y a la captura de Osama Bin Laden.
Y hoy mi entrada la hago mirando hacia Afganistán porque creo que es el momento de pronunciarse, de no girar la cara hacia otro lado, de dar una opinión que viene marcada por una cuenta atrás.
3,2,1… los talibanes avanzan sobre Kabul. Vi esta noticia empezando mis vacaciones. Me horrorizó la rápida forma en la que lo conseguían, conquistaban el terreno sin apenas freno por parte de las tropas policiales del país y con el apoyo implícito de los ejércitos que desde décadas les impidieron hacerlo. 3,2,1… sigo descansando y empiezo a escuchar y leer los mensajes solicitando ayuda, recursos para sacar de Afganistán a quienes están llamados a una muerte segura por hacer y creer en cosas que en mi día a día son lo habitual, por defender su libertad.

3,2,1… el tiempo pasa. Miles de personas desesperadas se agolpan en el aeropuerto de Kabul, con visados que les permitan ser recogidos por los ejércitos de aquellos países a los que ayudaron en su momento. Ahí está la labor de los ejércitos, la que deben realizar las tropas: defender los derechos humanos, las vidas de mujeres, niños y hombres que se ven obligados a dejar atrás parte de la familia, sus hogares porque el régimen con el que Estados Unidos llegó a un acuerdo, el Talibán, no va a cumplir los acuerdos asumidos. Ellos lo saben, nosotros lo sabemos, Estados Unidos lo sabe…
3,2,1… Estados Unidos alerta de la posibilidad de un atentado en la zona -¿acaso lo dudaba?-. El tiempo se agota. En las puertas niñas que huyen de una esclavitud segura, encerradas dentro de esta sociedad y el burka que deberán llevar. Como recordaba estos días en la televisión el corresponsal de guerra @APampliega -cuya labor siempre habrá que reconocer a pesar de las críticas incomprensibles de muchos compañeros- los talibanes tienen un dicho: «La mujer es despreciable, incluso si es tu madre o tu hermana». 3, 2, 1… su cuenta atrás, la de las afganas, ya ha terminado.
Como periodista me preocupa más otra cosa. Le fugacidad de las noticias, el tiempo que tardarán los medios en trasladar el foco a otro punto informativo, relegar Afganistán a tercera noticia del día, a cuarta y así hasta que sea un simple titular. Sí, ocurrirá como ocurrió con Siria, con las pateras que llegan a Canarias y atraviesan el mediterráneo con cientos de personas hacinadas en ellas, con los muertos de Haití… 3,2,1… la cuenta atrás también está ahí y no, no deberíamos consentirlo, por supuesto que no. Porque como siempre tras el acuerdo negociado por Estados Unidos, sólo están sus intereses y también muchos otros geopolíticos de países que sacarán beneficio económico de recursos de Pakistán, de acuerdos con Irán o vayan ustedes a saber.

Lo que deberíamos tener presente es que esa cuenta atrás una vez finalizada supondrá la desaparición de la vida pública de miles de mujeres, que enterrarán bajo los burkas, a las que prohibirán estudiar a partir de los 10 años y que a los 12 podrán ser casadas y explotadas sexualmente porque así la ley islámica, la sharía, lo recoge. En nombre de Alá todo vale. Y esta vez, mientras no seamos objetivo de atentados terroristas -al parecer a eso se han comprometido entre otras cosas con el presidente Baiden- en occidente, este tipo de extremismo no importa ya tanto.
Pero ojo, que arranca otra cuenta atrás que no debemos perder de vista: la llegada de los afganos a España, a Europa y la de los que lo intentarán -a pesar de los muros que muchos países anuncian levantarán para impedirlo-. La cuenta atrás que nos permite oír ya a lo lejos las primeras voces de aquellos que les gusta hacer ruido, atacar a los extranjeros, alertar sobre el peligro de que se integren en nuestra sociedad porque son terroristas, talibanes, islamistas, musulmanes, árabes, moros… en una clara xenofobia demasiado presente en nuestra sociedad y basada únicamente en el desconocimiento real sobre lo que ocurre. La ignorancia sobre el origen de las personas que estamos acogiendo y sobre el hecho de que su nacionalidad no está ligada a un régimen político determinado extremista (Al-Quaeda, Isis, Talibán…), como afortunadamente no todos los españoles, por serlo, somos de la extrema derecha, esa que en lo diferente siempre ve a un enemigo, salvo en aquellos que vienen al país pagados con cifras astronómicas por clubes de fútbol por los que son capaces de sacar pecho y lucir escudo.
Realmente esa es la cuenta atrás que nos debe preocupar ahora que los talibanes cerrarán las fronteras del país y actuarán con impunidad, la que les otorga el hecho de haber mirado para otra parte -por el interés que sea- a las grandes potencias que durante 20 años estuvieron allí para garantizar que miles de niñas como Malala Yousafzai pudieran desarrollarse como personas, estudiando, eligiendo libremente su destino. Ahora, volverán a la más extrema oscuridad, que muchos querrán extender con sus mensajes de odio en España, Europa o donde les quieran escuchar. Extremistas, ya saben.

https://www.elperiodico.com/es/opinion/20191030/articulo-donde-esta-movimiento-feminista-7697301
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2021/08/21/os-papaventos-kabul/0003_202108G21P12994.htm
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2021/08/18/os-talibans-barbaros-nos/0003_202108G18P10994.htm.